El arte de la fecundidad: 13 años, 8 hijos y un proyecto de amor sin medidas

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En el mundo actual, donde las agendas están saturadas y las parejas suelen postergar la paternidad en favor de la estabilidad económica o la libertad personal, encontrarse con la familia Barrera-Cabrera es, cuanto menos, refrescante. José Alberto Barrera, ingeniero industrial de 38 años, y Trini Cabrera, publicista y experta en familia de 37, han construido en trece años un hogar que desafía las estadísticas y los tabúes sociales. Con ocho hijos a su cargo, su historia no es solo un relato de logística impresionante, sino una declaración de principios sobre lo que significa «querer quererse».

Un amor que cruzó el Atlántico

Todo comenzó en España. José Alberto había viajado desde Ecuador para realizar sus estudios superiores, y fue en el cruce entre Pamplona y San Sebastián donde sus caminos se unieron. Sin embargo, el escenario no fue una biblioteca ni una de las famosas fiestas locales («farras»), sino un campo de paintball.

«Coincidimos en el mismo equipo… y ya le compartí pan, por eso me enganchó», comenta José entre risas. Lo que empezó como una amistad entre equipos de juego evolucionó rápidamente en un compromiso serio que tuvo que superar la prueba de fuego de la distancia. Durante dos años, mientras uno terminaba la carrera y el otro regresaba a Ecuador, mantuvieron su relación a través de conversaciones profundas que sentaron las bases de su futuro. «Eso tiene sus ventajas porque hablamos mucho, de todo», reflexiona la pareja sobre aquellos años que, lejos de separarlos, los prepararon para el proyecto de vida que estaba por venir.

La decisión de la fecundidad

Tras una etapa de adaptación en la que Trini se mudó a Guayaquil para probar suerte laboral y personal durante ocho meses, la pareja se casó con una visión clara: su amor debía ser fecundo. Para ellos, la fecundidad no se limita a un número, sino a una disposición del corazón hacia los demás.

Hoy, esa disposición tiene nombres y rostros concretos:

  • José (12 años): El primogénito que pronto entrará a la adolescencia.
  • Javi (11), Jaime (10) y Trini (8): El grupo que marca el ritmo escolar.
  • Gabriel (6), Mónica (4), Gonzalo (2) y el recién nacido Carlitos: Los más pequeños que mantienen la casa en constante movimiento.

Ante la pregunta recurrente de «¿por qué tantos?», Trini es contundente: «De los hijos que no tengas te puedes arrepentir; de los que tengas nunca». Para ella, cada hijo es una persona irrepetible que aporta una riqueza que no se puede comparar con la de una mascota o una posesión material.

Desafiando los tabúes de la realización personal

Uno de los puntos más interesantes de su dinámica es la renuncia de Trini a su carrera convencional en publicidad para volcarse a la educación de sus hijos. No obstante, lejos de ser un sacrificio que anule su identidad, ella ha transformado su vocación. Hoy, con una Maestría en Matrimonio y Familia, colabora con institutos de formación y brinda charlas sobre el tema.

«Uno se puede realizar personalmente también siendo madre o padre de familia… uno ve en los hijos el reflejo de estar con ellos», explica Trini. Su mensaje es claro: la realización personal no es una línea recta que solo se encuentra en una oficina, sino en la calidad del tiempo compartido y en el impacto que se deja en la siguiente generación.

La ingeniería de lo cotidiano

Gestionar un equipo de ocho hijos requiere una precisión casi industrial. José Alberto recurre a Google Calendar para coordinar desde los análisis médicos anuales hasta los intensos fines de semana de partidos de fútbol. «Si uno se organiza, uno puede encajar tiempos de actividades laborales, sociales y familiares de manera adecuada», afirma José.

Sin embargo, el secreto mejor guardado de los Barrera-Cabrera es el cuidado de su propia relación. Entienden que, para que la familia funcione, el matrimonio debe estar sólido. Por eso, blindan espacios para ellos solos, ya sea en cenas semanales o en breves conversaciones nocturnas después de que los ocho niños han ido a dormir a las 8:30 p.m..

El valor de la comunidad

Trini y José también enfatizan que no caminan solos. La «tribu», compuesta por abuelos que brindan un apoyo incondicional y una comunidad de amigos que se ayudan mutuamente con los traslados y las emergencias, es fundamental para que el sistema no colapse.

Al final, su consejo para otras familias es la simplicidad. «La clave está en descomplicarse… nos la complicamos nosotros por gusto», concluye Trini. En un mundo que exige perfección, ellos eligen la presencia; en un mundo que prefiere lo fácil, ellos eligen el «querer quererse» todos los días.

Puedes escuchar la entrevista completa en nuestro canal de youtube: https://youtu.be/PbEed4a8cFQ

Por Arcadio Arosemena Robles

 

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