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Para buscar y contratar al cuidador ideal para un adulto mayor en este tiempo de pandemia, es necesario ver más que su hoja de vida.

La mayoría de las personas mayores prefieren envejecer en el propio hogar que hacerlo en una residencia. Casi todo el mundo desea permanecer en su entorno conocido, con sus recuerdos y objetos familiares, con la comodidad de las tiendas del barrio, con lo cercano…, salvo que no quede otro remedio. Así que, en la medida de lo posible, conviene adecuar las condiciones de vida a las nuevas necesidades que, sin duda, van a presentarse con los años.

Y mejor anticiparse, adaptar la vivienda no ya a los tiempos presentes, sino a los que están por llegar. Tal vez baste con cambiar el dormitorio de lugar, liberar espacio, modificar la ducha, colocar barras de sujeción en el cuarto de baño e instalar rampas y salvaescaleras que faciliten la movilidad y reduzcan el riesgo de accidentes. Son intervenciones que deben hacerse con previsión de futuro y que proporcionan seguridad y bienestar.

En algún momento habrá que pedir ayuda. Igual que hay gente que contrata una canguro o un jardinero a lo largo de la vida, es probable que un día se necesita asistencia para ciertos aspectos, como hacer la compra, preparar las comidas, tomar la tensión, acompañar al médico, asearse, vestirse… Seguro que algún familiar podrá echar una mano, pero lo deseable es que también exista un servicio profesional y pagado, de manera que se pueda exigir su cumplimiento con puntualidad y responsabilidad, sin depender de favores ni alterar la vida de los seres queridos.

 

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Resultados de una encuesta

Según datos de una reciente encuesta seis de cada diez mayores se muestran reticentes a que un desconocido entre en su casa. Y de los que sí que quieren ayuda, el 90% prefieren esperar a estar vacunados. Por otro lado, una vez vencida esa resistencia inicial, un 95% de ellos están satisfechos de haber dado el paso.

Es importante pensar que un cuidador va a permitir prolongar el tiempo en el hogar, retrasar o evitar el ingreso en una residencia, disminuir la posibilidad de accidentes, vivir con mayor confort e incrementar la independencia personal.

Detallar las necesidades

Para dejarse ayudar conforme a las capacidades merman y las necesidades necesarias, conviene hablarlo con la pareja, con los hijos o con las personas allegadas y plantear abiertamente la ayuda que sería bienvenida. Hay que preguntarse:

¿Qué servicios necesito?
¿Durante cuánto tiempo?
¿Puedo participar en esas ayudas o el cuidador tendrá que hacerlas solo?
¿Con qué apoyo familiar cuento?

Tras analizar las carencias y todo aquello que suponga demasiado esfuerzo, se pueden requerir algunos servicios como, por ejemplo:

  • Hacer la compra.
  • Preparar las comidas para la semana y dejarlas congeladas en envases individuales.
  • Acompañar al médico o al fisioterapeuta.
  • Ayudar cada mañana en el aseo personal.
  • Supervisar la medicación.
  • Cambiar las sábanas, planchar o limpiar unas horas a la semana.
  • Compartir un rato de paseo.
  • Revisar las facturas y la contabilidad.

¿Dónde buscar al cuidador?

El boca a boca es lo que mejor funciona. El teléfono y la colaboración de los allegados facilitarán la búsqueda. Lo más indicado es preguntar a familiares, a los vecinos que tengan cuidadores para sus seres queridos, a los amigos, en los comercios de toda la vida a cuyos dueños se conozca desde siempre, al médico de familia o el centro de salud, en la farmacia, en el departamento de servicios sociales del ayuntamiento, en los centros de mayores, al fisioterapeuta, al podólogo, en la parroquia…

Si nada de lo anterior da resultado, se puede recurrir a una agencia especializada , que hará el filtrado de un cuidador con garantías, siempre que se trate de una entidad seria y reconocida. En este caso, hay que vigilar:

  • ¿Qué acreditación tienen?
  • ¿Cuál es la cualificación del personal?
  • ¿Quién los inspecciona y cada cuánto tiempo?
  • ¿Qué servicios de atención médica brindan?
  • ¿Atienden urgencias 24 horas?
  • ¿Pueden hacer presupuestos personalizados y por escrito?
  • ¿Tienen cuidados especiales para casos de posoperatorio o convalecencias?
  • ¿Prestan servicios por horas para actividades como bañarse?
  • ¿Qué puntuación les dan sus clientes?

 

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La entrevista de trabajo

Antes de seleccionar un candidato, es importante que responda algunas preguntas para hacerse una idea de su perfil. Estaría bien tener una entrevista personal (en estos momentos, mejor al aire libre) en la que, además de la persona mayor interesada, esté presente otro miembro estrecho de la familia. Estas pueden ser algunas de las cuestiones:

  • ¿Por qué busca trabajo de cuidador?
  • ¿Qué experiencia tiene?
  • ¿Está capacitado para dar una atención especializada, de custodia o solo de apoyo?
  • ¿Qué le gusta del trabajo de cuidador?
  • ¿Cuáles son sus principales habilidades?
  • ¿Qué le disgusta?
  • ¿Qué tareas está dispuesto a hacer?
  • ¿Tiene conocimientos de cuidados geriátricos?
  • ¿Conoce actividades de ocio y entretenimiento para practicar con la persona que va a cuidar?
  • ¿Qué haría en caso de emergencia?
  • ¿Cómo resolvería una discusión?
  • ¿Podría remplazarle alguien si no puede venir por cualquier causa?
  • ¿A qué distancia vive y cómo se traslada?
  • ¿Qué horario y disponibilidad tendrá?
  • ¿Sabe desenvolverse en situaciones de estrés?
  • ¿Qué tipo de rutina le gustaría establecer en caso de ser elegido?

Es necesario pedir al candidato su currículum y no aceptarlo ni rechazarlo al momento, sino informar de que se están valorando otras opciones y que ya se comunicará la decisión cuanto antes. También hay que hablar del tipo de contrato, de la retribución, horarios y horas extras, días libres, disponibilidad en festivos, vacaciones…

Y, una última advertencia: tan importante como pedir referencias es comprobarlas.

La familia sigue siendo necesaria

No se debe confiar en todo el cuidado a una sola persona. El estrés del cuidador es un problema de salud grave que hay que evitar a toda costa. Es posible encontrar un buen cuidador, pero hay que tener presente que nadie es perfecto las 24 horas del día. Por eso, la familia debe prestar su apoyo y no delegar sin más. Resulta indispensable mantener contacto estrecho con el cuidador y estar al tanto de todo, de la medicación, las citas médicas, del suministro en la despensa, el estado de la ropa, la higiene…
Además de esto, es preciso considerar:

  • ¿Quién cubrirá los días libres del cuidador?
  • ¿Qué actividades de día puede hacer el familiar para dar horas de descanso al cuidador?
  • ¿Qué decisiones puede tomar el cuidador y no?
  • ¿Quién va a coordinar su trabajo?
  • ¿A quién deberá reportar?
  • ¿Se necesitan cuidadores de relevo?
  • ¿Qué pasa si se requieren sus servicios durante más horas?
  • ¿Qué ocurrirá si se enferma?

El contacto regular entre familiares continúa siendo esencial, por lo que se deben habilitar sistemas de telefonía fáciles de manejar, agendar los números más importantes, organizar videollamadas con Zoom o Skype… Y no solo para emergencias, sino para cultivar cada día los afectos, tan necesarios para la salud.

 

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Un cuidador en tiempos de pandemia

Todo se complica en estos momentos, cuando, además de las precauciones lógicas para seleccionar a la persona idónea, hay que tomar medidas contra el contagio de la Covid-19. A de que el 90% de los encuestados que quieren buscar un cuidador han declarado que lo después de estar vacunados, no hay que relajar las medidas anticontagio:

  • Relacionarse presencialmente con el menor número de gente posible.
  • Recibir pocas visitas, de no más de dos personas a la vez y, a ser posible, con las ventanas abiertas.
  • Usar mascarillas de calidad, bien colocadas sobre la nariz y la boca, y cambiarlas conforme a los requisitos del fabricante.
  • Mantener la distancia de seguridad con los demás, incluso aunque lleven mascarilla.
    Ventilar un menudo.
  • Lavarse las manos con frecuencia, al llegar a casa y siempre después de ir al baño, manipular la mascarilla, cuidar a las mascotas, antes de comer, etc.
  • Evitar tocarse los ojos, la nariz y la boca.
  • Usar pañuelos desechables y, efectivamente, desecharlos; no guardar los usados.
  • Limpiar con desinfectante varias veces al día las superficies de la cocina, los interruptores de la luz, los picaportes de puertas y armarios, las barandillas, los teléfonos, los teclados…
  • Tener gel hidroalcohólico a mano.
  • Hacer las compras preferiblemente por Internet y almacenar medicamentos y comida para reducir el número de visitas a los comercios.

 

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Fuente: Thyssenkrupp Home Solutions.

 

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