Entre pantallas y sentido: una conversación imaginaria entre Carl Jung y Viktor Frankl

Este diálogo es ficticio. Las respuestas no son citas reales de Jung ni de Frankl: son una interpretación creativa de sus conceptos aplicada a la tecnología actual.

Sentados alrededor de una mesa, entre libros y tazas de café, imagino un encuentro con dos grandes pensadores. Les comparto una preocupación: cómo acompañar a los jóvenes para que, entre tantas imágenes, voces y tendencias, puedan escuchar también su propia voz. 

María Cecilia: La tecnología ofrece tantas posibilidades para aprender y conectar. ¿Cómo reconocer cuándo está enriqueciendo la vida de un joven y cuándo empieza a ocupar demasiado espacio?

Jung: Observaría qué relación establece con ella. ¿Le permite explorar sus intereses o necesita mostrar constantemente una imagen para sentirse aceptado? La imagen que presentamos al mundo cumple una función, pero ninguna imagen puede contener todo lo que somos.

Frankl: Preguntaría para qué la utiliza y qué lugar deja a sus compromisos. Puede servir para aprender, crear y encontrarse con otros. Conviene detenerse cuando empieza a desplazar aquello que la persona considera valioso.

 María Cecilia: ¿Qué le preguntarían a un joven que deja de estudiar para pasar horas viendo videos y después se siente frustrado consigo mismo?

Jung: Antes de reprocharle, intentaría comprenderlo: “¿Qué te ocurre cuando te sientas a estudiar? ¿Temes equivocarte, te sientes incapaz, estás cansado?”. Conviene conocer qué está evitando y qué encuentra en esos videos.

Frankl: Le preguntaría: “¿Qué posibilidad de tu vida estás cuidando cuando estudias?”. No necesita tener decidido todo su futuro. Podemos ayudarlo a encontrar un motivo concreto para el esfuerzo de hoy y convertirlo en una tarea alcanzable.

María Cecilia: Algunos jóvenes parecen medir su valor por su apariencia, sus seguidores o su capacidad para seguir una moda. ¿Cómo ayudarlos a construir una identidad propia?

Jung: Necesitan espacios donde puedan descubrir qué sienten y piensan, incluso cuando eso no coincide con su grupo. Preguntaría: “¿Qué te gusta cuando nadie está mirando? ¿Qué parte de ti sientes que debes esconder para ser aceptado?”. Conocerse requiere poder explorar esas diferencias.

Frankl: Les invitaría a mirar también hacia aquello que pueden aportar: una amistad que cuidar, una habilidad que desarrollar, una tarea que realizar. La aprobación puede cambiar; una vida con sentido no puede depender enteramente de ella.

María Cecilia: ¿Cómo podemos fomentar el pensamiento crítico sin ridiculizar lo que ven ni convertir cada conversación en una discusión?

Jung: Empezaría por la curiosidad: “¿Qué te atrae de esa persona? ¿Qué representa para ti?”. Comprender su fascinación puede abrir una conversación que el desprecio cerraría.

Frankl: Después les pediría examinar lo que escuchan: “¿Qué pruebas ofrece? ¿Qué otra explicación existe? ¿Cambiarías de opinión ante nueva información?”. El adulto también debería estar dispuesto a revisar sus propias certezas.

María Cecilia: ¿Bastaría con quitarles el teléfono o prohibirles las redes?

Jung: Un límite puede ordenar la vida cotidiana, pero también necesitamos comprender lo que ese hábito significa para el joven. Si allí encuentra pertenencia, habrá que ayudarlo a construir vínculos y espacios donde pueda sentirse recibido.

Frankl: Acompañaría los límites con oportunidades concretas de responsabilidad. Participar en los acuerdos, cumplir una tarea y revisar sus decisiones puede ayudarlo a ejercer su libertad. También necesita descanso y disfrute; no todo momento debe ser productivo.

María Cecilia: ¿Qué responsabilidad tenemos los adultos en esta situación?

Jung: Examinar nuestra propia relación con la apariencia y la aprobación.

¿Podemos escuchar sin mirar otra pantalla? ¿Permitimos que nuestros hijos tengan intereses diferentes de los nuestros? También educamos con aquello que hacemos sin advertirlo.

Frankl: Ofrecer presencia y mostrar con nuestros actos qué valoramos. Podemos compartir una actividad, cumplir una promesa y reconocer un error. Acompañar supone dar ejemplo y dejar espacio para que el joven descubra sus propios motivos.

María Cecilia: Si una familia quisiera empezar hoy, ¿qué podría hacer?

Jung: Reservar un momento tranquilo para conversar sin dispositivos y sin interrogatorios. Escuchar qué le interesa al joven, qué le preocupa y qué disfruta crear. Dar lugar al dibujo, la escritura, la música o una conversación puede ayudarlo a expresarse.

Frankl: Elegir juntos un compromiso pequeño: una tarea de estudio definida, una actividad compartida o una ayuda concreta a alguien. Acordar cuándo guardar el teléfono y revisar después qué funcionó. El sentido también se descubre participando en la vida cotidiana.

Al terminar este encuentro imaginario, me queda una pregunta para nosotros, los adultos:

¿Estamos ayudando a nuestros jóvenes a construir una vida en la que se sientan escuchados, capaces de pensar por sí mismos y con algo valioso que aportar?

Quizá podamos empezar ahí: con presencia, límites comprensibles y conversaciones en las que su voz tenga un lugar.

Referencias conceptuales

 International Association for Analytical Psychology: Analytical Psychology                                                                     Society of Analytical Psychology: Jung’s model of the psyche                                                                                         Viktor Frankl Institute Vienna: Logotherapy and Existential Analysis
Psic. María Cecilia Lasso Muñoz