La Generación Z y su relación con el dinero

Para la Generación Z, gestionar sus recursos va mucho más allá de ahorrar.

También implica decidir cómo usar herramientas digitales, cuál es el uso de un crédito, realizar transacciones en línea y planificar su independencia. Aunque hoy cuentan con más opciones para administrar sus fondos, también enfrentan un entorno cada vez más complejo para tomar decisiones.

Los resultados del más reciente Global Gen Z and Millennial Survey de Deloitte, reflejan esta realidad, ya que casi la mitad de los jóvenes de esta generación no perciben estabilidad en su situación personal, mientras que los costos del día a día siguen siendo una de sus principales preocupaciones. Al mismo tiempo, crece el interés por ahorrar, invertir y generar ingresos adicionales para tener una mayor seguridad.

En Ecuador, el desafío también es significativo. La Estrategia Nacional de Educación Financiera (ENEF), identifica el fortalecimiento de las capacidades monetarias como una prioridad para impulsar la inclusión y el bienestar económico. Según este estudio en 2024, el país alcanzó 12,2 puntos sobre 21 en el indicador de preparación económica, lo que evidencia oportunidades para seguir fortaleciendo estos conocimientos.

La necesidad de avanzar en este ámbito también se observa en el sector académico. El estudio Variables sociodemográficas y niveles de educación financiera en jóvenes universitarios de Ecuador, realizado con 1.011 estudiantes universitarios ecuatorianos concluyó que, aunque la mayoría cuenta con preparación suficiente para manejar sus recursos, aún enfrenta dificultades al tomar acciones relacionadas con inversión, planificación de largo plazo y uso del crédito.

En este contexto, dichas destrezas dejan de ser especializadas para convertirse en una habilidad fundamental. Comprender cómo funciona el dinero permite tomar mejores elecciones, reducir riesgos y prever el futuro.

Más que aprender conceptos, se trata de desarrollar hábitos

Muchas de las primeras decisiones de la Generación Z ocurren antes de contar con suficiente experiencia. Abrir una cuenta, comprar en línea, contratar una suscripción o pedir un crédito puede hacerse en minutos desde un celular. Esa facilidad ofrece oportunidades, pero también exige criterio para elegir con información.

La educación financiera debe acompañarse desde edades tempranas. Más allá de enseñar conceptos, se trata de desarrollar prácticas que permitan actuar con criterio y construir una relación saludable con este importante aspecto. A continuación les compartimos estas recomendaciones claves para comenzar:

1. Ahorrar con un propósito genera mayor compromiso: 

Uno de los errores más comunes es pensar que solo se puede ahorrar cuando sobra dinero. En realidad, quienes desarrollan este hábito suelen definir primero una meta y luego se organizan para alcanzarla. Ya sea para viajar, comprar una computadora, continuar los estudios o emprender, tener un objetivo claro ayuda a mantener la disciplina. Incluso pequeños aportes constantes pueden generar resultados significativos con el tiempo. 

2. Un presupuesto ayuda a tomar mejores decisiones: 

Llevar un presupuesto no significa limitar gastos, sino entender cómo se utilizan los ingresos. Conocer tu poder adquisitivo, identificar costo fijos y variables y revisar periódicamente los fondos permite detectar oportunidades de ahorro y evitar pagos innecesarios.

Más que restringir el consumo, un presupuesto ayuda a priorizar y a alinear las elecciones diarias con objetivos de mediano y largo plazo.

3. Programar el futuro también es importante: 

Adquirir herramientas del manejo del dinero desde temprana edad permite comprender que los pasos de hoy influyen en el mañana. Definir metas como realizar un posgrado, emprender un negocio, comprar un carro o adquirir una casa ayuda a construir un plan acorde a esos objetivos.

La organización no implica dejar de disfrutar el presente, sino encontrar un equilibrio entre las necesidades actuales y los proyectos de largo plazo. Tener un fondo de emergencia, ahorrar de forma constante y revisar periódicamente las metas son prácticas que contribuyen a una mayor estabilidad.

La orientación no solo consiste en administrar dinero, sino también en desarrollar la capacidad de anticiparse, evaluar riesgos y tomar decisiones informadas.

Una apuesta por llevar el aprendizaje más allá de las aulas

Fomentar estas costumbres forma parte de una visión más amplia sobre el papel del aprendizaje económico en el desarrollo de las personas. Es necesario  fortalecer capacidades sobre ahorro, presupuesto, crédito y una estrategia patrimonial permita que niños, adolescentes y jóvenes tomar opciones más informadas en un entorno económico en constante cambio.

Fuente Banco Internacional
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