La maternidad como expresión Divina

La maternidad es un lenguaje del alma, una forma de amar que no siempre necesita palabras, pero que siempre deja huella.

Quisiera comenzar recordando algo importante: existen muchos caminos para vivir y encarnar la maternidad. El más común —y quizás el primero que aparece en tu mente al leer este título— es el de dar vida a un hijo. Y sí, ese es un camino sagrado. Pero no es el único.

Han pasado ya diez años acompañando a un niño, a una madre, a otra mujer… y en ese recorrido he comprendido algo profundo: cada ser humano vino a este mundo con un don, con una forma única de servir y amar que le fue entregada por Dios. Y a algunas —no a todas, pero sí a muchas— les fue dado el don de maternar.

No como un conocimiento aprendido desde la cabeza, ni como una lista de deberes que el mundo impone sobre lo que “debe ser” una madre. No. Quien tiene el don de la maternidad lo sabe desde su Ser.

Es como el carpintero que desde pequeño jugaba a construir, o el mecánico que desde niño desarmaba y reparaba todo lo que encontraba. Hay una fidelidad natural hacia lo que uno es. Por eso, cuando la vida se llena de dudas, siempre invito a volver a ese niño interior: ¿a qué jugabas?, ¿qué te nacía hacer sin esfuerzo? Ahí comienzan las pistas del alma.

La maternidad también nace de ese lugar.

Puedes leer libros, escuchar consejos, estudiar teorías… pero nada de eso sustituye la conexión con lo esencial: con tu intuición. Ese “sexto sentido” del que tanto se habla, esa certeza que no pasa por la lógica, pero que sabe. Sabe lo que necesita ese hijo, sabe lo que necesita ese niño que tienes delante, aunque no sea tuyo. Sabe cuándo sostener, cuándo soltar, cuándo hacer pausa. Porque maternar no es solo dar vida, es dar presencia.

Jesús enseñaba con historias simples que tocaban el alma. Hay una que hoy resuena profundamente con este sentir: la parábola del buen pastor. Cuenta que un pastor tenía cien ovejas y, al notar que

una se había perdido, dejó a las noventa y nueve para ir en busca de esa única oveja. Y cuando la encontró, no la reprendió ni la juzgó: la cargó sobre sus hombros y la llevó de regreso con amor.

Esa es la esencia de maternar: ir al encuentro del otro cuando se ha perdido… pero no perdido en el mundo, sino de sí mismo. Cuando se ha alejado de su esencia, de su autenticidad, de aquello que lo hace único, muchas veces por intentar encajar, por seguir al rebaño, por olvidarse de quién es en verdad.

Maternar es acompañar ese regreso. Sostener sin juzgar, cuidar desde el amor y no desde el control. Ser madre —desde el alma— es ser ese pastor: alguien que guía, que acompaña, que nutre y que ayuda al otro a volver a sí mismo, comprendiendo que en los momentos de silencio, de oscuridad y de pausa también se está gestando vida.

La maternidad no es un camino exclusivo de quienes han gestado en su vientre. Madre es quien guía, quien acompaña, quien nutre, quien crea espacios donde otros pueden volver a sentirse seguros, vistos y sostenidos. Sí, dar vida te convierte en madre por derecho divino, pero vivir la maternidad como expresión consciente implica algo más profundo: implica volver a sentir.

Durante mucho tiempo hemos sido guiadas por la lógica, por lo aprendido, por lo correcto. Pero la maternidad del alma necesita que el sentir vuelva a ocupar su lugar, que la intuición tome el volante y que la razón acompañe. Porque no se trata de hacer, se trata de ser: ser presencia, ser escucha, ser amor en acción.

El mundo hoy necesita mujeres con el corazón abierto, mujeres que se permitan escuchar esa voz interna, esa verdad única que Dios sembró en cada una. Escuchar esa voz es un acto de valentía, y seguirla aún más. Porque para acompañar a otros, primero hay que aprender a acompañarse a una misma. Para escuchar a un niño, primero hay que escuchar el propio corazón.

Madre —biológica, tía, cuidadora, maestra, mujer— que estás leyendo estas palabras: tu intuición es sagrada. Esa voz que habita en ti no es casualidad, es guía, es espíritu, es vida queriendo expresarse a través tuyo.

Permítete hacer pausas, habitar el silencio, volver a la quietud. Ahí, en ese espacio invisible, nace lo verdadero. Y desde ahí, maternarás no solo con tus manos, sino con tu alma.

Camila Soriano Rodríguez/Creadora de Amor Naciente./IG: @amornaciente_
Contacto: amornaciente6@gmail.com
Foto www.magnific.com

arte-ipac-navidad