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Muchos padres tienden a considerar el tiempo con sus amigos como “tiempo opcional de diversión”, pero en realidad es vital para la estabilidad física y emocional.

En los 12 años desde que salí de la universidad y me mudé para comenzar una familia, siempre he sentido ganas de hacer amistades y estar con amigos. Traté de mantener mis amistades universitarias a distancia y pude hacerlo con algunas de ellas, pero es difícil encontrar tiempo para llamadas telefónicas cuando los niños se desmadran en cuanto suena un teléfono.

Lo que he descubierto es que es aún más difícil hacer nuevos amigos cuando la vida es ajetreada y frenética. Durante los muchos años en los que tuve varios hijos pequeños, mis intentos de hacer amigos parecían una serie de citas para jugar planificadas que 9 de cada 10 veces se cancelaban. Siempre había un niño enfermo o los planes cambiaban en último momento y esas una o dos prometedoras citas “de juegos” acababan desapareciendo en la neblina del recuerdo.

La importancia de los amigos en la vida

Yo me seguía diciendo a mí misma que era solo una temporada en la vida y que cuando los niños crecieran y estuvieran todos en la escuela ya tendría mucho tiempo para hacer amigos.

Pero, hete aquí, que casi todos mis hijos están ya en el colegio (el de 2 años tiene cuidados infantiles en casa), que mis días están “libres” y que la libertad no viene como yo pensaba que lo haría. De hecho, la sensación es que estoy el doble de atareada que los días en que corría de un lado a otro de la casa, de pañal en pañal, de colada en colada y de comida en comida.

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La única constante es que todavía siento deseos de tener amigos. Regresar a Texas después de siete años en Florida significó que tuve que empezar de nuevo: mis amigos de la infancia todavía están aquí, pero han establecido vidas y círculos de amistades que no se solapan con los míos. Claro está, tengo un nuevo círculo de conexiones con mis socios de empresa y he entablado muchas amistades relacionadas con el trabajo, pero no son el tipo de amigos a los que puedo llamar después de un mal día y preguntarles si quieren quedar para tomar un café o una bebida para desahogarme.

Según un artículo reciente en The Atlantic, no debería ser una sorpresa en absoluto que no haya forjado ninguna amistad real con mis amigos del trabajo; es imposible construir una amistad profunda con alguien cuando vuestras interacciones están centradas y basadas en el trabajo.

Ryan Hubbard, que vive en Adelaida, Australia, y trabaja en “diseño para innovación social”, inició un proyecto de investigación llamado Kitestring para tratar de averiguar cómo la gente organiza sus vidas para priorizar la amistad y algunas de las formas más específicas en que las amistades profundizan.

Una forma interesante en la que Hubbard aplica su metáfora de los “contenedores” [según la cual, afirma Hubbard, las amistades son más fáciles de conservar si se crea alguna actividad regular por la que “contenerlas”; NdelT] es con el concepto de “trasplantar” amigos para acercarles, al igual que trasplantarías un geranio al que se le ha quedado pequeña la maceta».

A veces tienes un amigo en el trabajo al que ves todos los días, pero la maceta en la que está en el trabajo es muy pequeña”, dice Hubbard. “Va a crecer lo que le permita la maceta y nada más. Si quieres que sea una amistad más grande y profunda, necesitas trasplantarlo a un contexto mayor. Quizás tengas que traerlo a tu casa o invitarlo a conocer a tu familia; eso es una maceta más grande”.

He pensado en reunirme con amigos del trabajo fuera del trabajo, pero siempre me digo a mí misma que no tengo tiempo. Sin embargo, lo curioso de ser adulto es que nunca tenemos tiempo libre al azar, así que si quiero priorizar la construcción de amistades, tengo que crear el tiempo para hacerlo.

Y es algo que debe tener prioridad. Las amistades son increíblemente valiosas para nuestra salud y bienestar mental y emocional. Cuando pienso: “Dios, ojalá pudiera llamar a un amigo para hablar de esto”, lo que realmente siento es soledad y la soledad es un detrimento para la salud mental, emocional y física.

Una cosa es segura: no voy a pasar los próximos 12 años deseando tener un buen amigo al que llamar; es hora de priorizar la construcción de la amistad como una inversión en mi salud y bienestar. Mi familia y mi trabajo dependen de mi salud y estabilidad emocional, así que es hora de tomarme en serio el hecho de que la amistad es un componente vital de esas dos cosas.

Vía Aleteia.

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