Moverse más, lesionarse menos

El entusiasmo por hacer ejercicio suele durar más que el primer entrenamiento, pero rara vez sobrevive al primer dolor de rodillas.

Cada año, miles de personas retoman las caminatas o se inscriben al gimnasio buscando mejorar su salud. Sin embargo, pasar del sedentarismo a una rutina intensa sin preparación previa es la receta perfecta para la lesión. La buena noticia es que la solución es simple: combinar una alimentación equilibrada con el ejercicio, además de calentar, progresar paso a paso y respetar el descanso, es el verdadero secreto para no tirar la toalla.

La actividad física es una de las herramientas más efectivas para cuidar la salud. La Organización Mundial de la Salud (OMS) recomienda entre 150 y 300 minutos de actividad moderada por semana para reducir el riesgo de enfermedades cardiovasculares, diabetes y otros problemas de salud. Sin embargo, este objetivo debe alcanzarse de forma progresiva y segura, considerando que estas enfermedades representan aproximadamente el 81% de las muertes en la Región de las Américas, según la Organización Panamericana de la Salud (OPS).

Los programas de actividad física coinciden en que músculos, tendones y articulaciones necesitan adaptarse gradualmente al esfuerzo. Intentar correr largas distancias, levantar mucho peso o entrenar con alta intensidad sin una preparación previa incrementa el riesgo de sobrecargas, especialmente en las rodillas, una de las articulaciones que soporta mayor impacto durante el movimiento.

“Muchas personas abandonan la actividad física porque confunden el esfuerzo con el exceso. El cuerpo necesita un proceso de adaptación para responder de forma segura al ejercicio. Más que entrenar al límite desde el primer día, lo importante es desarrollar un hábito sostenible que permita disfrutar del movimiento sin poner en riesgo las articulaciones”, explica la Dra. Carla Cevallos.

Para reducir el riesgo de lesiones y aprovechar al máximo los beneficios del ejercicio, los especialistas recomiendan:

  • Calentar entre cinco y diez minutos antes de iniciar la rutina para preparar músculos y articulaciones.
  • Incrementar el esfuerzo de forma progresiva, aumentando primero el tiempo, luego la intensidad o la carga, pero no todo al mismo tiempo.
  • Fortalecer piernas, glúteos y abdomen, ya que estos músculos brindan mayor estabilidad y ayudan a proteger las articulaciones, especialmente las rodillas.
  • Respetar los tiempos de descanso, porque durante la recuperación el cuerpo se adapta al esfuerzo realizado.
  • Alternar diferentes actividades, como caminar, montar bicicleta, nadar o realizar ejercicios de fuerza, para evitar la sobrecarga repetitiva sobre una misma articulación.

Otro aspecto clave es la alimentación. El ejercicio, por sí solo, no compensa una dieta inadecuada. Mantener un peso saludable y favorecer la recuperación muscular depende del equilibrio entre la actividad física y una alimentación basada en alimentos naturales, con adecuada hidratación, consumo suficiente de proteínas, frutas, verduras y carbohidratos de calidad, que aporten la energía necesaria para el rendimiento y la recuperación.

Construir hábitos saludables no implica transformaciones drásticas ni resultados inmediatos, sino la adopción de decisiones sostenidas en el tiempo. La clave está en la constancia, la progresión del esfuerzo y el respeto por los procesos del cuerpo, entendiendo que tanto la alimentación como el movimiento trabajan de forma conjunta para fortalecer la salud y prevenir enfermedades a largo plazo.

Fuente Laboratorios Bago
Foto www.magnific.com