Muchos juguetes no harán que tu hijo se sienta más querido

Queremos educarlos bien. Que no les falte de nada. Que sean felices. Pero a veces, en ese intento por ser buenos padres, confundimos dar más con querer mejor. Sin embargo, hay un vacío que no se puede llenar con juguetes. Te lo explica una psicóloga.

 “Los niños no se cansan de pedirlos. Nosotros los compramos. Y nadie juega con ellos”, escribía la periodista Ellen Mccarthy en The Washington Post. Y no le faltaba razón. Una encuesta de ALDI reveló que el 52% de los niños españoles solo usan sus juguetes nuevos entre uno y siete días. Apenas el 12% de los pequeños les presta atención durante más de un año.

Sin embargo, seguimos comprando más juguetes, aunque sepamos que no los necesitan y que probablemente terminarán olvidados en algún rincón acumulando polvo. ¿Por qué? Simplemente porque hemos asumido que es otra forma de demostrarles nuestro amor.

Así, les regalamos juguetes a nuestros hijos en todas las ocasiones habidas y por haber, desde sus cumpleaños y Navidades hasta los Reyes Magos, cuando viajamos, si vamos a un parque de atracciones o incluso si alcanzan algún hito del desarrollo o cumplen con su deber. Pero eso podría ser un error.

Menos juguetes, más diversión

Todos queremos que nuestros hijos sean felices y somos conscientes de la importancia del juego en la etapa infantil. Como resultado, es fácil caer en la trampa de pensar que cuantos más juguetes tengan, más amor les estamos mostrando, más felices serán y más estimularemos su desarrollo.

Es un analogía natural ya que vivimos en una sociedad donde la abundancia se equipara al bienestar. Sin embargo, es importante no confundir “juego” con “juguetes”. Los niños necesitan jugar, pero probablemente no necesiten más juguetes.

En 2017, un experimento realizado en la University of Toledo constató que un mayor número de juguetes (16) empeoraba la calidad del juego. En cambio, con menos juguetes (4) la interacción fluía mejor, los niños pasaban más tiempo jugando y su juego fue más variado.

Estos investigadores concluyeron que “menos juguetes mejora la concentración para explorar y jugar de forma más creativa”. Y es que los espacios con muchos juguetes pueden híper estimular a los bebés, niños pequeños y en edad preescolar, afectando su capacidad para aprender y jugar de forma creativa.

Al igual que una oficina desordenada afecta nuestra concentración, tener demasiados juguetes en casa puede hacer que a los niños les cueste más concentrarse, aprender y desarrollar habilidades relacionadas con el juego. Además, es probable que cuantos más juguetes tengan, menos los valoren.

La trampa de medir el amor en juguetes

¿De dónde surge entonces nuestra tendencia a comprar más y más juguetes? ¿Por qué no nos podemos resistir cuando vemos un juguete mono o nuestro hijo nos pide el juego de moda que todos su amigos tienen?

En parte, ese impulso está relacionado con la ansiedad parental. Como queremos que nuestros hijos sean felices y tengan todo lo que necesitan para crecer y desarrollarse, a veces pensamos que, si no les compramos algo, les estamos fallando de alguna manera.

Así confundimos nuestra tranquilidad con la felicidad del niño. Cuando les compramos un juguete, sentimos que estamos haciendo lo “correcto”. Eso nos calma y nos reafirma en la idea de que somos buenos padres, aunque la verdadera necesidad de nuestro hijo no sea un juguete nuevo.

Obviamente, también influye mucho la presión social y cultural. Estamos bombardeados de mensajes que nos dicen que ciertos juguetes son indispensables y que los niños “necesitan” esto o aquello para no quedarse atrás. Los catálogos, los anuncios, los influencers e incluso otros padres … todo conspira para que los juguetes se conviertan en símbolos de amor y cuidado.

No obstante, un niño puede tener mil juguetes y, aun así sentirse solo o aburrido si no recibe suficiente atención ni pasa tiempo de calidad con sus padres.

No son los juguetes, es la atención, el tiempo y la cercanía

Los padres y las madres deben saber que los niños no necesitan un montón de juguetes (ni para su desarrollo ni para sentirse amados). Cuando le regalas un juguete a tu hijo, el cariño que percibe y recibe no es por el objeto en sí, sino por la atención, la presencia y la interacción que le brindas en ese momento.

Las horas compartidas construyen recuerdos y vínculos mucho más duraderos que cualquier objeto. Leer un cuento juntos, construir un castillo con bloques, preparar galletas o simplemente sentarse a hablar de cómo le fue el día son gestos que los niños agradecen y perciben como amor real.

Por tanto, conviene cambiar la perspectiva y, en vez de dejarnos llevar por las compras impulsivas, pensar en cómo regalar mejor. Traducción: observa qué juguetes realmente le interesan, cuáles estimulan la creatividad o fomentan la interacción y la exploración, y deja de lado aquellos que simplemente llenan espacio o sirven para entretener un rato.

Menos suele ser más. Tener pocos juguetes, pero bien elegidos, de manera que tu hijo pueda experimentar de distintas formas, suele ser más valioso que contar con un arsenal de juguetes sin propósito.

Por último, pero no menos importante, no olvides que los niños también aprenden a través de nuestro ejemplo. Si ven que sus padres disfrutan con cosas simples, reutilizan, comparten y juegan con ellos, comprenden que el amor y la felicidad no dependen de la cantidad de cosas materiales. Y eso, a largo plazo, es un regalo mucho más valioso que cualquier juguete nuevo que le puedas comprar.

Referencias
Dauch, C. et. Al. (2018) The influence of the number of toys in the environment on toddlers’ play. Infant Behav Dev; 50: 78-87. doi: 10.1016/j.infbeh.2017.11.005
Por Jennifer Delgado/Educadora, psicóloga y psicopedagoga
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