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Una causa que podría dar grandes pasos en los próximos meses y un caso que representa una fuente de inspiración para quienes conducen empresas

El papa Francisco saludó recientemente a Sara Critto, nieta del siervo de Dios Enrique Shaw (1921-1962), y le expresó: “Gran empresario y un gran hombre de Dios. Vas a ver que muy pronto va a ser santo”. Si bien el comentario fue personal, ya el Papa, en otra aparición pública reciente, se había referido al empresario y había sugerido a los empresarios católicos encomendarse a él:

El diálogo con Sara ocurrió cuando ella pudo entregarle su libro “Un empresario en plenitud. Enrique E. Shaw y su eficaz desempeño”.

La causa de Enrique Shaw, independientemente del comentario del Papa, podría dar grandes pasos en los próximos meses. A mediados de año, se aprobaron los borradores finales de la Positio y se entregaron a los cardenales y teólogos encargados de enviar la recomendación al Papa, quien es en última instancia el que declara Venerable al Siervo de Dios. La declaración supone reconocer que el candidato vivió y practicó las virtudes cristianas en grado heroico, lo que lo convierten en un modelo para los cristianos. Luego, para ser declarado beato, es necesario probar la intercesión del venerable para la realización de un milagro.

¿Por qué este empresario argentino puede ser modelo de cristiano? 

  • Porque antes de dirigir, quería servir como un obrero más. Renunció a ese anhelo cuando un amigo sacerdote le hizo ver que podría evangelizar el mundo empresario.
  • Porque se proponía amar a todos sus empleados: “Para juzgar a un obrero, hay que amarlo”.
  • Porque este era el motivo por el cuál quería que su empresa crezca: “Debemos crear trabajo…y cuanto más eficiente sea nuestra labor, más recursos tendrá la Providencia para repartir entre pobres y necesitados”
  • Porque se esforzaba en aprender y crecer en el conocimiento de la doctrina de la Iglesia: “En el orden intelectual mi tesoro más grande es mi conocimiento de la doctrina católica en todos sus aspectos”.
  • Porque creía que siendo un buen profesional, sería un mejor apóstol, y siendo santo, guiaría a su familia en ese mismo camino: “Si nosotros somos santos, serán también nuestros hijos y los hijos de nuestros hijos”.

Para que una persona sea declarada beata, independientemente del milagro, los postuladores deben demostrar la fama de santidad. En el caso de Enrique Shaw uno de los ejemplos que mejor la fundamentan es que cuando necesitó donadores de sangre, en sus últimos días, todos sus empleados acudieron al pedido. Y todos regresaron al trabajo. “Ahora soy feliz ya que por mis venas corre sangre obrera”, dijo al recuperarse. Testimonios como esos son inspiración no sólo para católicos, sino también para empresarios que busquen, independientemente de su inspiración, la humanización de la empresa, tal como muestran artículos publicados por empresas como American Express.

La Asociación Cristiana de Dirigentes de Empresa que Shaw fundó y la página http://www.enriqueshaw.com.ar/ difunden varios escritos con ideas de Enrique Shaw que, independientemente de su beatificación, seguramente serán de inspiración para los cristianos dedicados a la conducción de personas en empresas.

Vía Ateleia

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