Del golpe al crecimiento: Cómo superé la pérdida involuntaria del trabajo y transformé el dolor en una nueva oportunidad
La semana pasada tuve la oportunidad de ver y escuchar en una plataforma digital a mi amiga Carmen Julia Rivera, en la charla “El permiso de ser humano”. Ella, de manera sencilla pero clara a la vez, nos transmitió que todas las personas, sin excepción alguna, debemos ser capaces de sentir nuestras emociones, reconocerlas, pero sobre todo responsables de gestionarlas. Es así como llegamos a ver la relación estrecha que tienen el dolor y el sufrimiento en cualquier aspecto de la vida.
Al respecto, dicha charla me hizo recordar una experiencia personal, respecto a mi vida laboral que paso a compartir en las siguientes líneas.
Desde que terminé mi carrera de administración de empresas a los 22 años, hasta julio de 2013 con 43 años recién cumplidos, había tenido la dicha de trabajar de manera continua e ininterrumpida, siempre asumiendo nuevos roles y responsabilidades en empresas líderes nacionales y multinacionales. Incluso en un par de ocasiones me había dado “el lujo” de tener varias ofertas laborales para decidir el nuevo salto laboral a dar. Muchas veces “me ufané” de comentar que solo había buscado mis primeras prácticas laborales y que luego todos los trabajos llegaron por recomendación, hasta de personas que no conocía ni personalmente ni laboralmente.
No obstante, lo cierto es que no estaba preparado para dejar el trabajo corporativo de manera involuntaria. Pero ese momento llegó inevitablemente. Recuerdo como si fuera ayer que mi jefe me comunicó mi separación de la compañía la nublada tarde del viernes 17 de mayo. Fue como un baldazo de agua fría a mi Ego. El lunes 20 de mayo, a primera hora, ya recompuesto, le solicité quedarme hasta julio para terminar unos encargos que tenía desde inicios de año, a lo cual accedió. Le argumenté que si había ingresado por la puerta principal, debería retirarme de la misma manera.
Coincidentemente, han transcurrido 13 años de mi experiencia de pérdida de empleo, por lo que deseo compartirles las enseñanzas que me dejó:
- La pérdida del trabajo te va a generar un dolor físico y emocional, que debería disminuir su intensidad con el tiempo hasta desaparecer, y eso lo lograrás si lo reconoces y aceptas, pero, sobre todo, lo gestionas.
- Debes tener una red de apoyo o contención sólida; en mi caso fue mi esposa y hermano mayor, quienes me acompañaron con su presencia, su silencio e inclusive su hombro en caso de las lágrimas que brotaron más de una vez.
- No te victimices, preguntándote por qué a mí. En mi caso me daba el lujo de no buscar trabajo; él mismo llegaba solo.
- Gestiona ese dolor para bien, encuentra el para qué del hecho, acompáñalo de una motivación y un motivo.
- Abre tu mente a explorar nuevas formas de aportar valor, a descubrir nuevos dones, habilidades. Así, tuve la oportunidad de compartir mi experiencia a través del dictado de un curso de posgrado en una universidad, por casi 9 años.
- Actúa siempre bien, la vida te lo retribuirá. Me llamaron de una empresa operadora logística y, luego de pasar las entrevistas respectivas, me ofrecieron el trabajo; grata fue mi sorpresa al descubrir que la persona que me recomendó fue el jefe que hacía unos meses atrás me había desvinculado.
- Finalmente descubrí que yo era una persona más allá del título laboral o académico, con virtudes y defectos ,que lucha día a día para lograr ser un mejor ser humano.
En ese sentido, paso a compartirles algunas frases asociadas, que considero nos pueden ayudar a reflexionar.
- “Lo que te pasa no lo eliges, cómo reaccionas ante ello sí”. – Máxima del estoicismo.
- “Dios tuvo un solo hijo en la tierra sin pecado, pero nunca uno sin sufrimiento”. – San Agustín de Hipona.
- “Lo más auténtico de nosotros es nuestra capacidad para crear, superar, soportar, transformar, amar y ser más grande que nuestro sufrimiento”. – Ben Okri.
Ante las dificultades y caídas propias de nuestras vidas, sea en el plano personal, familiar, laboral, empresarial o amical, de seguro en algún momento experimentarás dolor. Mi humilde consejo es que no lo reprimas; da el siguiente paso para gestionarlo de la mejor manera posible, pide ayuda, de ser posible, y recuerda que todo tiene solución, menos la muerte. Así que, ¡Ánimo, a seguir remando contra corriente y mar adentro!








