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¿Puede una publicidad de pocos segundos resolver una crisis matrimonial? No te puedes perder este artículo. ¡No olvides compartir!

Leroy Merlin es una empresa de bricolaje, decoración y construcción. En una publicidad reciente, apuesta por un tema que parece difícil y no apto para una empresa de ese rubro: ¿puede un aviso publicitario de unos pocos segundos ayudar a ver cómo resolver una crisis matrimonial?

La importancia de las historias

Nuestra mente está preparada para escuchar historias, y cuanto más cercanas podemos ver esas historias, cuanto más nos podemos identificar con alguna situación o personaje de la historia, mucho más efectiva va a ser la historia.

Resumir una historia de amor en menos de 45 segundos, y además hacer una publicidad efectiva creo que es para mí un récord. Debo felicitar a los creativos de la agencia publicitaria, porque lo hicieron de un modo extraordinario.

La historia que cuenta esta publicidad es concisa, pero no por ello carente de significado o trivial. «Cuidar tu casa es cuidarte a tí mismo» y que yo ampliaría un poco más, a «cuidar tu casa es cuidar de tu matrimonio» y/o también: «cuidar tu matrimonio es cuidar tu casa».

Veamos qué hay detrás de esta publicidad y cómo nos puede ayudar resolviendo una crisis matrimonial.

Una crisis es siempre una oportunidad

Todos los matrimonios del mundo atraviesan crisis, y es necesario que las atraviesen para poder seguir vivos. Esto parece un poco contradictorio: ¿No es que el amor tiene que estar siempre feliz?

Claro que sí, pero todo lo bueno requiere un esfuerzo, y a lo largo de nuestra vida vamos a atravesar crisis, crisis que son parte del normal desenvolvimiento de la pareja y que nos van a preparar para cada una de las etapas del ciclo vital del matrimonio.

Cada una de esas crisis tiene como objetivo deshacerse de comportamientos o modos de ver la relación que pueden convertirse en nocivas si las mantenemos, y en cada una de esas crisis vamos a tener que lograr «reinventarnos» para poder seguir adelante y disfrutar de todas las bendiciones del matrimonio.

 

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Superar la crisis requiere de esfuerzo

Claro que no es fácil. Hay que dejar de ser lo que somos (mejor dicho los comportamientos que tenemos) y convertirnos en algo nuevo. hay que tener capacidad de creer en nuestro cónyuge y al mismo tiempo ayudarlo y ayudarme a mí mismo para lograr esa maduración, ese cambio de actitud, esa mejora para la que la crisis nos alerta.

Para que no quede muy abstracto veamos un ejemplo muy sencillo. Una de las crisis que vamos a atravesar es la del nacimiento de los hijos. Dejamos de ser esposos y de pronto nos tenemos que convertir en esposos y padres.

Eso requiere ajustar nuestra conducta, nuestras prioridades, nuestro sueño, nuestra entrega generosa a nuestro cónyuge, y eso no se hace en un día ni es igual para la mamá o el papá.

La mamá tiene un rol instintivo y una programación biológica que le facilita la adaptación a su nuevo rol. Y el papá bueno, ¡que el buen Dios lo ayude! «Perdió» a su esposa que se convirtió en mamá casi «naturalmente» y él de pronto parece que dejó de ser la prioridad y es difícil adaptarse (y aquí podemos escribir un post entero sobre paternidad, pero lo dejamos para otro momento).

Cuando logramos ver cuál es el origen de la crisis, la crisis puede superarse mucho más fácilmente y nos ayuda a reconstruir la relación de un modo que resulta mucho mejor que antes.

 

 

La crisis van a llegar

Las crisis nunca acaban, grandes o pequeñas siempre aparecen. Las crisis en casi todas las parejas son habitualmente siete:

La primera, es el enamoramiento o inicio de la relación, donde nos convertimos en pareja. Seguid por el fin de la luna de miel o inicio de la convivencia: donde la hechicera se convierte en bruja y el príncipe en ogro. Luego el nacimiento de los hijos, donde nos convertimos en esposos y padres. Y no acaba ahí, llega la comezón del séptimo año: crisis de la pareja en la que se «acomoda» finalmente a la vida en común.

Y cuando todo parece en calma nos toma de pronto la crisis de la mediana edad. Crisis personal de cada cónyuge para enfrentar nuestra mortalidad. Nos toca madurar y dejar de lado actitudes egoístas. Se van los hijos, crisis del nido vacío. Recuperamos la intimidad que teníamos al principio de la relación, y probablemente no estemos preparados para «tanta» intimidad.

Y finalmente la viudez. La crisis terminal del matrimonio, la única que no «tiene solución», pero que invita a amar al otro de distintas maneras con resignación y continuación de la propia vida honrando lo vivido juntos.

Un plan para la crisis

Lo que hace excepcional a este video es que con pocas herramientas visuales cuenta una historia muy completa. Cada crisis requiere de un plan especial para superarla, de acuerdo al tipo de crisis (personal o de la pareja) y a las etapas del ciclo vital que estemos atravesando.

Ya proponer que una remodelación como modelo de volver a inventarnos como pareja me parece un toque de genialidad absoluta, porque ciertamente que vamos a seguir viviendo en la misma casa (en la misma relación, para la metáfora). Vamos a vivir en una casa que es más apta para el momento que estamos viviendo, con los recursos que disponemos en ese momento.

Y la publicidad nos da algunas pautas muy interesantes. El título de la historia es «todavía hay amor en alguna parte». Vamos a ver cada uno de esos componentes y tratar de «bautizarlo» un poco para verlo en clave sobrenatural, y tratar de deducir qué planificación podemos hacer.

 

 

En los matrimonios es válido reducir, reutilizar, reciclar

A medida que el tiempo pasa y nuestra relación pasa por las diversas crisis, nuestra relación no se desgasta, sino que se fortalece.

Pero para que ese fortalecimiento sea completo, y podamos aprovechar las crisis, tenemos que ir reduciendo los motivos de conflicto que surgieron como consecuencia de nuestro crecimiento como esposos.

Cuando logramos esa reducción del conflicto, nos embarcamos en la parte más interesante de nuestra relación, que es la de reinventarnos.

Es la aventura del amor, un amor que es dinámico, que no se queda quieto. Un amor que necesita crecer y madurar con nosotros, para que en cada momento de ese crecimiento disfrutemos de los frutos deliciosos que el amor verdadero da.

 

 

Escrito por: Andrés D’ Angelo, vía Catholic-Link.

 

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