Un pequeño cambio que puede alegrar a las personas mayores

Recordamos las citas, las compras y los asuntos prácticos, pero a veces lo que más importa es lo que no está en nuestra lista

Hay pocos placeres comparables a tener algo agradable en la agenda. Un almuerzo el próximo jueves. La visita de un nieto. Boletos para un concierto dentro de tres semanas. Incluso la promesa de que alguien va a venir el sábado por la tarde con un pastel puede llenar de una alegría sorprendente los días previos. Después de todo, la mitad de la diversión suele estar en la anticipación. Pensamos a dónde vamos, qué nos pondremos, quién estará ahí y si realmente necesitamos postre, cuando ya sabemos perfectamente que lo vamos a pedir, pero hay un cambio muy importante.

El mejor regalo

Sin embargo, a medida que las personas envejecen, esos pequeños y deliciosos momentos destacados en el calendario pueden volverse más escasos. La jubilación elimina el ritmo de la vida laboral, los amigos pueden tener menos movilidad, manejar puede volverse difícil, y los hijos y nietos suelen estar lidiando con sus propias vidas complicadas. Nadie decide deliberadamente que la agenda de mamá se quede más vacía; simplemente sucede, un plan no concretado a la vez.

Por eso, una de las cosas más bonitas que podemos regalarle a una persona mayor no es necesariamente otra bufanda, una vela o una caja de chocolates. ¡Regálale una cita!

Hay un mundo de diferencia entre «De verdad que tenemos que ir a verte pronto» y «Vamos a ir el próximo domingo y te llevaremos a almorzar». Lo primero es una intención. Lo segundo se puede anotar directamente en el calendario —y de repente ese día tiene un pequeño círculo a su alrededor.

Mejor aún, el placer comienza mucho antes de que alguien toque el timbre. Tal vez haya que elegir un atuendo, revisar el menú de un restaurante en línea, contárselo a un amigo o, simplemente, disfrutar de la deliciosa certeza el lunes por la mañana de que el sábado nos espera algo bastante agradable al final del día. Y después, hay fotos que ver e historias que volver a contar. Una tarde puede extenderse sorprendentemente en ambas direcciones.

Y, por favor, no des por sentado que envejecer genera automáticamente una pasión por el tranquilo té de la tarde. A tu abuela de 87 años tal vez le parezca una idea mortalmente aburrida y le entusiasme mucho más cantar en un karaoke, conocer a un pingüino, dar una vuelta en un auto deportivo clásico, aprender a preparar sushi o ir a ver a ese comediante decididamente inapropiado que, en secreto, le parece divertidísimo. Pregúntale.

Algo se avecina…

Tampoco es necesario que el plan sea grandioso. Lleva a papá al centro de jardinería. Organiza una noche de películas clásicas y pizza. Reserva una mesa en algún lugar que a él le encanta. Anota el concierto escolar de los nietos en la agenda de la abuela. Si viven a cientos de millas de distancia, organiza una videollamada. Lo importante no es cuán impresionante parezca la ocasión; lo importante es que algo se avecina.

Hay otra razón por la que es importante hacer planes futuros con alguien, y va más allá del simple entretenimiento. No se trata simplemente de asegurarte de que estén bien o de cumplir con el deber de hacerles una visita. Cada vez que dices: «Hagamos esto el próximo mes», estás incluyendo silenciosamente a esa persona en tu futuro. Quiero tu compañía. Te estoy esperando. Todavía tenemos cosas que hacer juntos.

La vejez en la Biblia

Las Escrituras nunca han tratado la vejez como un epílogo incómodo de la parte interesante de la vida. El Salmo 92 nos ofrece la maravillosa imagen de aquellos que, incluso en la vejez, «darán fruto». El mundo de una persona puede cambiar con la edad, pero su capacidad para la amistad, la risa, la curiosidad, la ilusión —y, de vez en cuando, ser la última persona en querer irse de la fiesta— no desaparece sin más.

Podemos volvernos tremendamente eficientes a la hora de cuidar a las personas mayores que amamos. ¿Funciona la calefacción? ¿Tienen suficientes provisiones? ¿Cuándo es la cita con el doctor? ¿Alguien ha cambiado esa bombilla imposible que está en lo alto de las escaleras? Todas esas cosas son muy importantes, pero el cuidado no debería limitarse a garantizar que la vida siga sin problemas. La vida también necesita un poco de chispa.

Así que la próxima vez que llames por teléfono a un padre o madre mayor, a un abuelo o abuela, a un vecino o vecina, o a un amigo o amiga, no te limites a preguntar qué han estado haciendo. Agrega algo a la agenda. Puede ser algo pequeño, tonto, delicioso o que esté a meses de distancia, pero haz que sea lo suficientemente real como para marcarlo en el calendario. Y, de preferencia, claro, asegúrate de que haya pastel.

Por Cerith Gardiner-Aleteia
Foto www.magnific.com