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El 28 marzo inició el primer curso de Artes Culinarias para adultos mayores en la Escuela de los Chefs.

“Trabajar con personas que han entregado todo en su vida es una experiencia muy enriquecedora”. Con esta emotiva frase, el Chef Edwin Gallardo, explica la dicha que siente poder ser profesor de los adultos mayores del Hogar del Corazón de Jesús.

En un salón de la Escuela de los Chefs, un grupo de 12 adultos mayores se dirige todos los jueves a una clase de cocina de 2 a 4 de la tarde. En esta sesión, los estudiantes aprenden a cocinar platos típicos como el pristiño, la torta de choclo y la famosa hayaca. Pero también han aprendido platos internacionales como una polenta con champiñones, rabioles con diferentes rellenos y una deliciosa salsa pomodoro.

“¡Ah bien! Los platos, una delicia; la gente, muy preparada… uno parece que está en Europa”, cuenta uno de los residentes del Hogar, Emilio Gallegos. Así es la profesionalidad de la Escuela. Las clases que están siendo impartidas a los adultos mayores consta de una rigurosa preparación académica. Finalizado el curso, el pasado 30 de mayo, en la ceremonia de clausura, se les otorgó un certificado avalado por la institución. De este modo, esta no solo ha sido una actividad de entretenimiento, sino también, una terapia ocupacional con tinte profesional.

Vínculo con la Escuela

Roberto Maspons frecuenta el Hogar y forma parte de uno de los programas del establecimiento: apadrinamiento afectivo. Este programa abre las puertas a personas que quieran estar en contacto continuo con los residentes. Y así fue cómo Roberto propuso la idea de vincularse con la Escuela.

María Fernanda Navarro, asistente de Gerontología en el Hogar, cuenta que los residentes habían querido participar en unas clases culinarias. Razón por la cual, luego de escuchar la propuesta de Roberto, se pone marcha la iniciativa y el Hogar y la Escuela se ponen en contacto.

A principios de marzo, un grupo de profesores de la Escuela de los Chefs se dirigió al Hogar. En esta visita, profesores y futuros estudiantes se conocieron por primera vez y la relación entre las dos instituciones se consolidó. Actualmente, los residentes disfrutan de sobre manera las clases: aprenden recetas nuevas, forman vínculos de compañerismo y se divierten cuando ponen en práctica lo aprendido. No obstante, esta es una experiencia enriquecedora para todos.

Uno de los profesores tuvo que ausentarse, pero cuando retomó sus clases, los residentes lo recibieron entre aplausos y abrazos. De la misma manera, el chef Igor Burlutskyi, quedó encantado con el sabor de la empanada que prepararon los residentes. Es decir, los profesores también están aprendiendo de la experiencia, amabilidad y gran corazón de sus estudiantes.

No solo entretenimiento

Una terapia ocupacional es aquella actividad que tiene como fin involucrar las funciones cognitivas y mantenerlas en práctica. Entre ellas se destacan: mantener la atención y la concentración, ejercitar la memoria, hacer reminiscencia de lo aprendido o hacer cálculos.

Con las clases que están recibiendo los residentes, Camila Valdivieso, Gerontóloga del Hogar, explica que la actividad tiene un componente, en su mayoría, terapéutico. Es decir, la actividad le da un sentido a la vida de los residentes porque los mantienen motivados y ocupados. Es como regresar al campo laboral sin la necesidad que haya un fin productivo, pero sí un resultado esperado.

Es lo que se puede observar en las clases de cocina: alistan su material, no olvidan traer lo que les parece importante o de su interés, se mantienen atentos a la clase, preguntan, resuelven sus dudas, ejercitan su memoria cuando cocinan los platos. Es decir, hay una consecuencia de eventos que hacen que esta actividad nos sea una distracción solamente sino una terapia.

Cabe mencionar, después de asistir a una de las clases y conversar con los profesores, residentes y organizadores; que muchas veces, los jóvenes, y las personas en general, fallamos como ciudadanos del mundo. Los adultos mayores, son personas con la misma dignidad que todos, razón por la cual no podemos dejarlos a un lado. Tenemos que incluirlos en nuestras actividades, estar pendientes de ellos para así poder aprender de lo que ellos pueden entregarnos a nosotros y a la sociedad. La edad no es un impedimento para poder ser parte activa de la sociedad.

Ceremonia de clausura

El jueves 30 de mayo, a las 14:00 pm, los directivos, docentes y estudiantes de las dos instituciones se reunieron en el patio de la Escuela para celebrar la finalización exitosa del programa culinario. La ceremonia se llevó a cabo de la manera más apropiada para la ocasión: ¡con una deliciosa paella, postre y bebida!

El evento comenzó con una bienvenida y luego se dispuso todo para preparar el almuerzo. Los platos estuvieron exquisitos y tanto alumnos como profesores disfrutaron de la comida y compartieron el momento. Mientras almorzaban hubo una intervención musical con saxofón y luego, después de almorzar, los comensales se pusieron de pie y disfrutaron la música con pasos de baile.

Finalizada la intervención, Camila Valdivieso tomó el micrófono y dijo unas palabras de agradecimiento para los profesores, pero también se dirigió a los residentes; y, por su dedicación, buena trabajo, empeño y fortaleza, hizo entrega de unos reconocimientos especiales a los estudiantes. Acto seguido, se entregaron los certificados a cada uno de los participantes del curso.

Finalmente, los profesores dirigieron unas palabras a los residentes del Hogar. Reiteradamente, dijeron que los que más aprendieron fueron ellos. Comentaron que al principio había un poco de incertidumbre pues nunca habían dictado clases a adultos mayores, pero esa incertidumbre se disipó inmediatamente después de conocerlos y ver de todo lo que son capaces: “Aprendimos mucho de ustedes, nos llevamos esta linda experiencia, nos enseñaron que siempre tienen mucho que aportar. Gracias otra vez por compartir con nosotros y los esperaremos a que vuelvan a pasar por aquí, su casa”, dijo el chef Santiago.

Fotos cortesía: Paola Vera

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