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«No veo el sentido de la oración» ¡Este video te abrirá los ojos! «Yo a veces me pongo a orar, pero siento que no me sirve».

¿Alguna vez has dicho esto? Seguramente que sí. Un secreto: todos alguna vez lo hemos hecho. A veces nos acostumbramos tanto a la oración que perdemos nuestra capacidad de asombro ante ella, empezamos a sentir que es «monótona» y «aburrida» y entramos en una horrible sequedad espiritual.

¿Quieres redescubrir la riqueza y profundidad de la oración?

Te invito, entonces, a que leas los siguientes cuatro tips de oración que me encontré hace poco en el vídeo de Catholic Stuff, que te comparto a continuación, para que nos ayuden mutuamente a reflexionar sobre este hecho tan hermoso que el mismísimo Cristo nos enseñó.

¿Falta de tiempo o falta de amor?

El padre Pablo Fernández menciona en el video una frase de San Juan Pablo II que dice así: «Quien dice que no reza por falta de tiempo, lo que le falta no es tiempo, lo que le falta es amor».

¡Cuántas veces nos habrá pasado esto! En la vorágine de la vida cotidiana, a veces nos encerramos a nosotros mismos en nuestras ocupaciones y perdemos de vista a quien tiene que ser el verdadero centro de nuestra vida: Cristo mismo.

¡Y le decimos mil excusas! «Ahora no, Señor, estoy cansado». «Ahora no, Señor, estoy triste». «Ahora no, Señor, no tengo ganas».

Sin embargo, ¿Jesús dijo alguna de estas cosas en su camino en la Cruz? No, pero sin duda se sentía cansado, y triste, y ciertamente no tenía ganas de morir. Pero igualmente cargó con el estruendoso peso de la Cruz, soportando mil y un pesares por nosotros.

Si Él hizo todo eso por nosotros, si hizo todo eso por Amor… ¿No podemos nosotros ofrecerle, al menos, diez minutitos de nuestro día para hablarle?

 

 

Fe en la oración y orar en la fe

Otra cosa que nos dice el padre Pablo es que hay una mutua relación entre fe y oración. Cuanto más recemos, mayor será nuestra fe, y cuanto mayor sea nuestra fe mejor será nuestra oración.

Porque, ¿quién habla de lo que no cree?, ¿y quién cree en lo que no habla? Hay un doble vínculo, es una escalera virtuosa.

Y la fe no es un sentimiento nada más. El bienestar espiritual es algo que a veces tenemos, pero otras veces no (los famosos «desiertos espirituales».

Sin embargo, si Dios ve con amor las oraciones que le hacemos cuando estamos bien, ¡cuánto más valen a sus ojos las que le ofrecemos cuando no lo sentimos, cuando no lo vemos, cuando estamos destrozados y malheridos!

Ahí su gracia da los mayores frutos (volveré sobre esto al final del artículo).

Sin orar… ¡estamos fritos!

Pero ¿Y si no rezamos? ¡Terrible! Dice el Padre Pablo que somos de esta forma «carne de cañón» para las tentaciones y los ataques del Enemigo.

Esto también nos ayuda en una lección de humildad: nosotros no nos salvamos a nosotros mismos, sino que es Dios quien nos salva.

Si creemos que podemos tener una vida buena y virtuosa sin el Señor y, por tanto, no nos hace falta ni rezar ni ir a misa ni nada por el estilo… entonces estamos fritos, super fritos.

Cuando abandonamos la oración, ahí mismo el demonio ha ganado una batalla. Sin embargo, ¡nunca es tarde para volver!

 

 

¿Estás conectado a la vid?

Dice el Señor que solo el sarmiento que está conectado a la vid da fruto, porque Él es la vid verdadera (Jn 15, 1) y su fruto es ni más ni menos que la vida eterna. El padre Pablo nos explica algo muy importante que debemos recordar siempre que vayamos a rezar: ¡la oración es una relación! Rezar es como estar conectados a esta vid.

Orar no es simplemente un «precepto», algo que hacemos «porque la iglesia lo dice». Orar es entablar relación con el mismísimo Cristo. No hablamos con un “ente abstracto” que está allá lejos: lo percibamos o no al rezar, Cristo en ese momento se nos acerca.

¿Queremos dar fruto? ¡Hay que estar conectados a la vid! (Jn 15, 4-5). Hay que orar, y esa humilde entrega Dios la verá con mucho amor.

Así podremos perseverar en la batalla espiritual. Solo así la gracia del Señor podrá purificar nuestras miserias: solo si nos abrimos, solo si hablamos con Él.

Y tú, ¿estás conectado a la vid?

 

 

Escrito por: Thiago Rodríguez, vía Catholic-Link.

 

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