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Convivir con una persona que padece un trastorno puede ser una buena ocasión para educar en la tolerancia y la responsabilidad.

¿Cómo convivir con una persona con un tipo de trastorno?

Depresión, anorexia, síndrome de Tourette, de Asperger, trastorno Bipolar, Ansiedad, Autismo, … una cosa es oír de hablar de ellos, y otra convivir con una persona que los padece. Si es tu caso, quizás sabes lo que es encerrarse en el baño para tener un respiro o sentir la culpabilidad de no aguantar más a tu familiar y desear verlo lejos una temporada…

¿Cómo llevar una buena convivencia con una persona que padece de un trastorno neurológico sin enloquecer, sin acabar devastado psicológica e incluso físicamente? Y más aún, ¿cómo aprovechar de manera positiva esta situación?

Por supuesto, cada síndrome requerirá unas respuestas concretas, y cada persona y cada familia es distinta, así como los momentos por los que pasa, pero algunas pautas pueden ayudar en muchos casos.

 

 

El enfoque correcto

Empecemos con un cambio de enfoque: de él/ella a ti. Si tú estás bien, será más fácil que tengas paciencia y fuerza para afrontar las dificultades y sacar lo mejor de ellas.

Es necesario que sigas manteniendo las riendas de tu vida, adelantándote a planificar tu día, a reservar tiempos para encuentros o actividades básicas para tu salud, y mantenerlos con firmeza aunque haya muchas necesidades que cubrir o te reclamen constantemente.

Si realmente compruebas que no puedes disponer de unos mínimos momentos que no sean para atender las necesidades de esa persona, pide ayuda. A la familia, a amigos, a profesionales, aquí te dejamos unos puntos que te servirán.

INFÓRMATE

Acepta lo que le ocurre e infórmate sobre su trastorno, y las mejores maneras de tratarlo, a través de Internet, libros y, sobre todo, de médicos y profesionales que te puedan orientar y, en caso necesario, indicar los medicamentos más adecuados.

NO TE CULPES

No te culpes por el trastorno que sufre esa persona. Normalmente influyen un conjunto de factores diferentes (genéticos, personales, familiares,…) que van más allá de la educación que haya recibido y las relaciones y vivencias.

UN TRATO CON AMOR

Con cariño y respeto los resultados son más positivos que con gritos y estrés. En los momentos de tensión intenta mantener la calma y planifica en qué momento y cómo es mejor la retirada.

NO LE ABANDONES

No le abandones: acompáñale, comparte, mantén tu responsabilidad frente a él (por ejemplo, si es tu hijo deberás exigirle, con arreglo a sus limitaciones). Esto te ayudará a comprender mejor a las personas y a cultivar un amor más desinteresado.

CUIDADO CON LA SOBREPROTECCIÓN

Tampoco le sobreprotejas favoreciendo que viva como una víctima. Es su vida y tú no eres un superhéroe, cuenta también con tus limitaciones y las del resto de la familia.

Es posible que te preocupe -o te angustie- el futuro de esa persona, si podrá llevar una vida «normal», formar una familia, etcétera. Conoce los recursos y ayudas que ofrecen los servicios sociales e instituciones, ten confianza y busca un Centro de Orientación Familiar.

Es muy enriquecedor cuando toda la familia se une ante el problema, cuando los hermanos pueden cuidar de ese hermanito/a que lo necesita más. Puede ser una buena ocasión para educar en la tolerancia y la responsabilidad al resto de la familia.

Por último, las situaciones que parecen no tener solución se ven de manera diferente cuando se comparten, y especialmente cuando se comparten con Dios en la oración.

 

 

Escrito por: Patricia Navas, vía Aleteia.

 

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