No es lo mismo vivir, que honrar la vida

Muchas veces le pregunto a mis pacientes qué es para ellos vivir bien. Pienso mucho en esto. Creo fervientemente que vivir bien no significa perseguir permanentemente la salud perfecta, controlar cada variable del organismo ni convertir la vida en un proyecto interminable de optimización. Significa construir condiciones que nos permitan atravesar el tiempo con la mayor autonomía posible: cuidar el cuerpo, sostener vínculos, tener proyectos, aprender, trabajar con un propósito y también saber descansar. Saber descansar, repito, que no es poca cosa.

Una longevidad saludable no se construye solamente en el consultorio. Se construye en nuestras decisiones cotidianas, pero también en el entorno en el que vivimos, en nuestras posibilidades económicas, en la calidad de nuestros vínculos y en el sentido que encontramos en lo que hacemos.

Hay, además, algo que solemos olvidar: no todo depende de nosotros. La medicina puede prevenir, diagnosticar y tratar; los hábitos pueden mejorar nuestras probabilidades; pero existe un componente de azar que no podemos controlar. La genética, las circunstancias, los accidentes y tantas otras variables forman parte de esa ecuación. Por eso, pensar la longevidad como una conquista exclusivamente individual puede ser una trampa. Podemos hacer mucho por nuestra salud, pero no podemos garantizar el resultado. Y reconocer ese límite también es una forma de sabiduría.

Quizás por eso tenga yo que cambiar la pregunta. Podríamos preguntarnos entonces: «¿para qué quiero vivir más?». Esa pregunta nos obliga a mirar nuestra vida de una manera diferente. Nos invita a pensar qué relaciones queremos cuidar, qué experiencias todavía queremos vivir, qué conocimientos queremos adquirir, qué legado queremos dejar y qué cosas ya no queremos seguir postergando. Seamos sinceros con nosotros mismos: los años adquieren valor solo cuando están habitados por algo que los trasciende. Un vínculo, un proyecto, una curiosidad, una pasión, una contribución.

En el mejor de los casos, la longevidad será una consecuencia afortunada de haber vivido de una manera que cuidó nuestra salud, nuestra autonomía y nuestros vínculos, y también de haber tenido algo de suerte. El objetivo no es ganarle una batalla al tiempo, sino aprender a vivir dentro de él para construir una vida a la que, llegado el momento, queramos seguir perteneciendo.

Por Diego Bernardini-lasegundamitad.org
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