Mi cuerpo no es asunto tuyo

Subí de peso, pero lo que más me dolió no fue el cambio en mi cuerpo, sino los comentarios, los juicios y la vergüenza que me hicieron sentir. Esta es una reflexión sobre el peso, la crueldad normalizada y el camino de volver a elegirme.

No fueron solamente 25 libras. Fueron dos años de dejarme para después, de alejarme poco a poco de la mujer que era y de descubrir que, a veces, la gente puede ser cruel sin siquiera detenerse a pensar en el daño que causan sus palabras.

Durante mucho tiempo, el deporte fue parte de mi vida. Trotaba, hacía CrossFit y disfrutaba sentirme fuerte. Pero llegaron las jornadas interminables de trabajo, las responsabilidades y esa costumbre de decir “después me ocupo de mí”. Después descanso, después entreno, después vuelvo a hacer lo que me gusta. Hasta que ese después se convirtió en dos años.

Subí alrededor de 25 libras y, con ellas, llegaron inseguridades que nunca imaginé tener. Dejé de sentirme cómoda con mi ropa, de mirarme al espejo con cariño y, algunas veces, hasta de querer salir. No porque hubiera dejado de disfrutar la compañía de los demás, sino porque sabía que tarde o temprano alguien encontraría la manera de recordarme cuánto había cambiado mi cuerpo.

¿Cómo te has engordado tanto?, ¿estás embarazada?, ¿qué te pasó? Si tú no eras así. Y una de las frases más dolorosas: Ningún hombre te va a querer gorda.

Como si mi valor, mi capacidad de amar o mis posibilidades de ser querida dependieran de una talla. Incluso, cuando me quedé sin trabajo, hubo quien insinuó que quizá mi peso explicaba por qué no me contrataban.

¿Cómo respondes cuando alguien convierte una de tus inseguridades en motivo de conversación? Muchas veces callé, tragué saliva y seguí adelante. Otras llegué a casa a llorar. Porque quien hace un comentario quizá lo olvida enseguida, pero quien lo recibe puede cargarlo durante mucho tiempo.

Y eso es lo que más me duele: no haber subido de peso, sino haber permitido que la vergüenza condicionara mis ganas de salir, compartir y disfrutar mi vida.

Hoy estoy intentando recuperarme. He vuelto a entrenar, aunque a veces empiezo, paro y vuelvo a empezar. Estoy aprendiendo que cuidarme no es castigarme por haber cambiado, sino cumplir conmigo misma. Quiero volver a trotar, hacer CrossFit, mirarme al espejo con cariño y sentirme bien. No para gustarle a alguien ni para demostrar nada, sino porque quiero volver a ocupar un lugar en mi propia vida.

A mi yo de las libras de más, quiero decirle que no la odio ni me avergüenzo de ella. Hizo lo que pudo durante años difíciles y no merece recibir de mí la misma dureza que tantas veces recibió del mundo.

Por eso, a quienes sienten que pueden opinar libremente sobre otro cuerpo, piénsenlo dos veces. No conocen la historia, las circunstancias ni las batallas de esa persona. Y no necesitan conocerlas para respetarla.

Mi cuerpo no es asunto tuyo. Mi valor no se mide en libras y mi vida no tiene que esperar hasta que vuelva a sentirme cómoda con una talla.

Todavía estoy en el camino. No sé cuánto tardaré en reencontrarme conmigo misma, pero sí sé algo: merezco respeto hoy, no después. Porque mi mejor versión no será la que consiga la aprobación de los demás, sino la que aprenda a cuidarse sin avergonzarse de quien fue durante el camino.

Por Cristina Moreno M.

Foto www.magnific.com