Cuando llega octubre, los comercios se llenan de adornos naranjas y negros, aparecen las calabazas, las brujas y los fantasmas, y muchos niños empiezan a pensar en sus disfraces. Para ellos, Halloween suele ser una fecha llena de juegos, dulces y diversión.
Pero, como padres, también podemos preguntarnos: ¿qué celebramos en Halloween? ¿Cómo podemos vivir esta fecha de acuerdo con nuestra fe y los valores que queremos transmitir a nuestros hijos?
El origen del Halloween
El nombre Halloween proviene de la expresión inglesa All Hallows’ Eve, que significa «víspera de Todos los Santos». Se celebra la noche del 31 de octubre, justo antes de la solemnidad católica de Todos los Santos, el 1 de noviembre.
La historia de Halloween es compleja y reúne distintas tradiciones. Entre sus antecedentes se encuentran antiguas celebraciones celtas relacionadas con el cambio de estación y creencias sobre los muertos. Con el paso del tiempo, estas costumbres se mezclaron con otras tradiciones populares, dando lugar a una celebración que ha evolucionado hasta nuestros días.
Actualmente, Halloween se vive de muchas maneras: para algunos es una ocasión para disfrazarse y compartir dulces; para otros, tiene un significado relacionado con el misterio, el terror y lo sobrenatural.
Por eso, para las familias católicas, puede ser una oportunidad para reflexionar sobre cómo queremos vivir esta fecha y qué tipo de mensajes deseamos transmitir a nuestros hijos.
Halloween: qué sí y qué no
Halloween puede ser una oportunidad para disfrutar con los niños, compartir en familia y transmitirles nuestros valores. La clave está en elegir cómo queremos vivir esta fecha, sin dejar de lado nuestra fe.
¿Qué SÍ podemos celebrar?
SÍ a la alegría y la creatividad
Los disfraces, los juegos, los dulces y las actividades divertidas pueden hacer de esta fecha un momento especial para los niños. Podemos elegir personajes positivos, animales, superhéroes o atuendos que despierten su imaginación.
SÍ a compartir en familia
Organicemos una tarde de juegos, preparemos dulces juntos o invitemos a otros niños a celebrar. No hace falta mucho para crear recuerdos felices: lo más importante es compartir tiempo y disfrutar juntos.
SÍ a nuestra fe
Que los santos también inspiren los disfraces y las celebraciones de nuestros hijos. El 1 de noviembre, la Iglesia celebra el Día de Todos los Santos, una ocasión para hablarles de quienes vivieron su fe con amor y recordarles que todos estamos llamados a la santidad.
¿Qué NO queremos promover?
NO a los disfraces macabros
Podemos divertirnos sin recurrir a imágenes que exalten el terror, la violencia o el sufrimiento. Hay muchas opciones creativas para que los niños disfruten de los disfraces sin perder de vista los valores que queremos transmitirles.
NO a la vulgaridad ni a los excesos
La diversión también puede vivirse con respeto. Como padres, podemos enseñar a nuestros hijos a elegir disfraces, juegos y actividades acordes con su edad y con los valores de nuestra familia.
NO a exaltar el mal
No todo lo que se vuelve popular tiene que formar parte de nuestras celebraciones. Podemos dejar de lado las alusiones al diablo y los símbolos que exaltan el mal. Mejor llenemos esta celebración de alegría, bondad y luz.
Una oportunidad para educar desde el ejemplo
Más allá de Halloween, estas fechas nos recuerdan algo importante: como padres, tenemos la oportunidad de enseñar a nuestros hijos a tomar decisiones coherentes con sus valores y su fe.
No se trata de quitarles la diversión, sino de mostrarles que podemos disfrutar, compartir y celebrar de muchas maneras. Una fiesta en casa, un disfraz creativo o una conversación sobre la vida de un santo también pueden convertirse en experiencias que recuerden con cariño.
Que estos días sean una oportunidad para compartir en familia, fortalecer nuestra fe y transmitir a nuestros hijos los valores que dan sentido a nuestro hogar.








