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Los diálogos internos nos ayudarán a aceptarnos a nosotros mismos y a los demás, como también serán una base para formar nuestro carácter.

En esta segunda parte sobre diálogos internos ofreceré algunas respuestas a por qué cambiar mis creencias y ojalá a cómo hacerlo.

Es importante preguntarse por qué conservamos creencias de miedo o desconfianza o sobre exigencia en la vida adulta. La respuesta es sencilla, las tenemos con nosotros porque crecimos oyéndolas o viendo a nuestros cuidadores vivirlas, así mi mamá podía trabajar todo el día y solo acostarse el fin de semana, junto con ello, yo, su hij@ aprendí que el trabajo es más importante que yo o que ella y yo, es decir el trabajo es más importante que nosotr@s, por tal razón hoy en mi vida adulta me toma mucho esfuerzo decir: “estoy muy cansada, debo pedir un día de descanso o pedir salir más temprano del trabajo para compartir un momento de amor o descanso con mi pareja e hij@s”.

Caben algunas preguntas:

¿Cómo voy a pedir un día de trabajo para estar dormid@ en mi casa?
Respuesta: No lo pida y espere que su cuerpo hable y se enferme para que usted pueda dormir.

¿Cómo voy a pedir permiso para un momento de amor o descanso con mis hij@s y mi pareja?
Respuesta: No lo pida y luego pregúntese por qué su hij@ es tan rebelde o su espos@ anda con alguien que no es usted.

 

DIÁLOGOS INTERNOS 1

 

La perpetua infelicidad

Sobre la segunda creencia, esa de perpetuar la infelicidad, como sentir un no sé qué que no le permite disfrutar de lo que pasa, aunque sea agradable, cabe preguntarse ¿sabe usted estar consigo mismo, sabe usted estar en calma, disfruta de escuchar música o tomarse un helado a solas o ver las hojas de los árboles caerse?

Si no lo logra probablemente esté tan fijad@ en su cabeza que es difícil callar al deber ser, frente a esto haga el ejercicio de obligarse a cualquiera de las actividades propuestas o revise qué momentos tiene para su disfrute, por efímero que parezca saber estar en silencio, en silencio o movimiento, pero estar, es un ejercicio que nos permite conocernos y reconocernos, estar con nosotr@s mism@s, es el primer gran paso para estar con los otr@s.

 

DIÁLOGOS INTERNOS 2

 

Nunca me alcanza

Creencia tres: nunca me alcanza, siempre gasto en tonterías, no sé administrar el dinero. Has pensado en hacer una lista de gastos y separarlos entre necesidades y gustos, incluso se vale definir ambas palabras.

En una situación país como la nuestra, por lo carente económicamente que puede ser, vale tener claro qué es necesario y qué es un “gusto” Si al hacerlo te das cuenta que tu sueldo no cubre gustos, ojo no lujos, sino gustos, vale preguntarse si tú valoras lo que haces, aceptar un trabajo porque es lo que hay nos toca a tod@s, sin embargo, seguir en ese trabajo por un tiempo indefinido, no emprender algo distinto o no buscar otras opciones, es creer que mereces estar ahí, explotado y mal pagado. Vale preguntarse además si es posible ser feliz en un lugar en el que sientes que no te valoran.

¿Entonces qué propones, acaso renunciar?
Respuesta: amable lector, jamás podría contestar si o no, creo que hay muchas otras aristas en este tema, sin embargo, sí creo que hay que revisar cuán valorad@ te puedes sentir y cuánto te haces valorar. ¿Has pedido un aumento, has buscado otras opciones, eres feliz haciendo lo que haces? Según esas respuestas, tendrás tu respuesta.

El mundo es inseguro

Cuarta creencia: el mundo es inseguro, sí, siempre ha sido así, eso no quiere decir que vamos a paralizarnos o enloquecernos controlando todo lo que nos pasa, por el contrario, lo que podemos hacer es prepararnos para aprender, desarrollar nuestra capacidad de adaptación y permitirnos ser por encima del control o las ideas.

Para esto sentir es el camino, darnos permiso a estar tristes, alegres, atemorizados, nerviosos o con dudas, agradecidos, en calma o inciertos, permitirnos experiencias que nos saquen de la zona de confort es la respuesta para esta creencia.

¿Y si me equivoco? Pues, bienvenido a la vida!

 

DIÁLOGOS INTERNOS 3

 

Escrito por: María del Carmen Rodrigo, sicóloga clínica.

 

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