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Compartimos un nuevo comentario al Evangelio por parte del P. Juan José Paniagua: Señor, ¿te has olvidado de nosotros? ¡No olvides compartir!

Vivimos en un mundo que es letalmente hostil a la vida humana por causa de la caída, y sólo el hecho de que Cristo sea su sustentador hace posible su supervivencia.

Nuestro planeta es escenario constantemente de huracanes, tempestades, terremotos, tsunamis, sequía, aludes, rayos, volcanes, fuego, frío, epidemias, virus… y todos ellos de vez en cuando amenazan y destruyen la vida. Pero el evangelio de Jesucristo es el anuncio de la liberación de todo aquello que amenaza a la existencia humana.

Teniendo en cuenta lo mencionado, el Padre Juan José Paniagua, quien hace un análisis y comparte su comentario al Evangelio, basado en San Marcos 4, 35-40, donde Jesucristo pone a prueba a sus discípulos.

 

Señor 1

 

Texto del Evangelio según San Marcos 4, 35-40

Un día, al atardecer, dijo Jesús a sus discípulos: «Vamos a la otra orilla»

Dejando a la gente, se lo llevaron en barca, como estaba; otras barcas lo acompañaban. Se levantó un fuerte huracán, y las olas rompían contra la barca hasta casi llenarla de agua. Él estaba a popa, dormido sobre un almohadón.
Lo despertaron, diciéndole: «Maestro, ¿no te importa que nos hundamos?»
Se puso en pie, increpó al viento y dijo al lago: «¡Silencio, cállate!»
El viento cesó y vino una gran calma.
Él les dijo: «¿Por qué sois tan cobardes? ¿Aún no tenéis fe?»
Se quedaron espantados y se decían unos a otros: «¿Pero quién es éste? ¡Hasta el viento y las aguas le obedecen!»

La situación por la que atravesaban, con todo y ser realmente difícil, no tenía punto de comparación con la grave crisis que se desencadenaría en ellos cuando vieran a su Maestro morir en una cruz. El Señor les estaba preparando para ese momento crucial.

La lección fundamental que el Señor les intentaba enseñar era la siguiente: el plan divino de la redención de la humanidad no podía zozobrar porque una súbita tempestad hubiese cogido dormido al Mesías.

Ninguna fuerza en toda la creación puede destruir su plan para nuestra salvación eterna ni separarnos del amor de Dios que es en Cristo Jesús Señor nuestro. ¡No existe tempestad tan grande que impida el avance del Reino de Dios sobre esta tierra! Y de la misma manera, los planes asesinos de los judíos, que llevaron a Cristo a una cruz, tampoco podrían impedir que Dios completara su plan de salvación.

 

 

Escrito por: P. Juan José Paniagua, vía Catholic-Link.

 

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