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¿Qué hacer con un dolor que arde y desgarra? (Un corto con el que derramarás una lagrimilla).

Vivimos en una agitación constante. Las ocupaciones, la aceleración en la que hoy en día nos encontramos, pueden absorbernos e incluso, en ocasiones, nos pueden hacer olvidar de examinar cómo nos sentimos, qué nos afecta, qué necesitamos y realmente cómo está nuestro corazón. Es normal. Pero nuestra vida tiene momentos de alegría, de tensión, de preocupación y evidentemente también tiene dolor.

No nos asustemos, es absolutamente normal que tengamos momentos de dolor, de frustración. Es normal que haya momentos en que sentimos que no podemos más. En ocasiones la rutina, la aceleración, nos hacen omitir estos momentos, nos hacen reprimir nuestros sentimientos y emociones.

Puede ser la pérdida de un ser querido, una enfermedad, una calamidad económica, una desilusión afectiva u otras cosas que causen dolor en nuestro corazón. En un mundo donde el pecado y la indiferencia dominan, es muy común que haya momentos de dolor, momentos de sufrimiento.

 

 

¿Cómo responder al sufrimiento?

No estamos en capacidad de escoger si sufrir o no, lo que sí podemos es decidir cómo afrontar estas circunstancias. No pretendo con estas palabras causar tristeza ni que te desanimes. Al contrario, quiero invitarte a que juntos descubramos cómo un momento de dolor, como una circunstancia adversa, cuando es vivida de la mano amorosa de Dios, puede traer frutos muy hermosos para tu alma, y que en medio del dolor podemos descubrir una gran oportunidad de amar cada día más y asemejarnos al Señor.

«Hope» es un corto animado que ha sido galardonado con más de 10 premios y ha tenido más de 50 nominaciones como corto animado. Nos cuenta la triste historia de un muchacho que es separado de su madre y obligado a entrar en un campo de prisioneros.

En medio del dolor de la separación de su madre y de todo lo que vive en esta nueva realidad, su corazón halla consuelo y esperanza, recordando a su madre y cuidando unas semillas que esta le dio.

Nuestro personaje descubre cómo de esta semilla brota un árbol. Y en medio de su dolor, en medio de todo por lo que tiene que pasar, encuentra en este pequeño arbolito un motivo de consuelo y esperanza. Al final, esa pequeña semilla brota en majestuoso árbol. ¿Crees tú que podemos aprender algo de la experiencia de este joven? ¿Es posible que de nuestro dolor surja un fruto? Te invito a que juntos descubramos cómo hacer florecer de nuestros dolores frutos hermosos.

 

 

Respira, el dolor pasará, la tormenta se calmará

No conozco tu realidad ni sé por qué estás pasando por esto, pero sí te puedo decir una cosa: ¡ánimo! Tu dolor pasará, la adversidad por la que puedas estar pasando llegará a su fin. La tormenta que te aqueja se apaciguará. Puede ser muy doloroso lo que estés experimentando, pero ten presente que no estás solo. Contigo está Dios siempre y si el Señor está contigo, nada ni nadie puede estar en tu contra. Puede parecer muy oscura la noche, pero a mayor oscuridad, más cerca estará el alba.

Repite junto a Santa Juana de Arco: «No importa quién empuñe la espada, si Dios está contigo». Confía en aquel que es Rey de Reyes, en aquel que hace todo nuevo, en aquel guardián que nunca duerme, que no descansa. Junto a Dios podrás superar tu dolor. Ten paciencia, ten fe. Deja que tu esperanza crezca y confía en que de todo tu dolor aprenderás y brotarán frutos hermosos, que serán un auténtico tesoro para tu alma.

Refúgiate en la oración, lee la palabra de Dios, meditar en el Evangelio te conecta directamente con Jesús. Es leyendo su palabra que alimentarás tu esperanza. Visitar el Santísimo, rezar el rosario, te aseguro que todas estas cosas van a alimentar ese arbolito que nace de la esperanza. No estás solo, Jesús está contigo. Es momento de aferrarnos a Él y dejar que el Señor nos acompañe en medio de toda dificultad.

En medio del dolor, deja que florezca tu esperanza

El protagonista de este corto, cuando descubre que su semilla empieza a crecer, se deja contagiar de esperanza. Su dolor no desaparece, su adversidad continúa. Sin embargo, con esa semilla que empezó a crecer, florece su esperanza, florece su consuelo y empieza a hallar en medio de su dolor esperanza y fuerza para afrontar lo que se viene. La esperanza es ese empujoncito hacia la Misericordia, es ese consuelo lo que lo ayuda a seguir adelante.

En medio de la adversidad que puedas estar pasando, permite que en tu corazón nazca como una pequeña plantita la esperanza. Deja que la esperanza eche raíces y florezca. Verás que refugiado bajo la sombra de la fe y la esperanza hallarás paz y consuelo. No hay manera más hermosa de asemejarnos a Jesús que aprendiendo a amar incluso cuando parezca que el dolor y el sufrimiento son más grandes e incluso insostenibles.

Confía, verás la luz de un nuevo día. Permítete ser vulnerable. Recuerda que «amar es ser vulnerable». Ten presente también que es en el fuego cuando el oro se pone a prueba. Tu corazón, que es oro, se pulirá en el crisol del sufrimiento. Crecerá y se unirá más estrechamente al Señor. Como aquel pequeño del corto, verás cómo la esperanza hará todo más llevadero y tu corazón, en medio del dolor, confiará y hallará consuelo.

«Entonces los justos brillarán como el sol»

Siempre recuerda las promesas de Jesús: «Bienaventurados los que lloran, porque serán consolados». Tu dolor calmará, la tormenta cederá. Tu corazón sanará y encontrará mucha paz y consuelo.

Ten paciencia, ten fe. Y en medio de la tormenta, siempre recuerda con Santa Teresa: «Quien a Dios tiene, nada le falta, solo Dios basta». Y es que para el corazón afligido, basta el dulce consuelo de aquel Dios que te ha amado hasta el extremo.

Hace unas semanas, escuché una conferencia muy bonita sobre la oración y la vida interior. Por muchas cosas por las que pasaba en aquel momento, sentí como un bálsamo las palabras que escuché allí. Dios sabe cómo hace las cosas.

Una frase me marcó y te invito a que la medites en tu corazón: «Omnia in Bonum». Porque debes creerlo, todo lo que sucede es para tu bien. Hoy quizá es difícil verlo, pero junto al Señor brillarás como el sol.

 

 

Escrito por: Alan Lugmania, Misionero del Movimiento Lazos de Amor Mariano, vía Catholic-Link.

 

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