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Es importante enseñar a los chicos a combatir los prejuicios desde la inteligencia emocional.

Cuando pensamos en problemas para relacionarse en el aula, lo primero que nos viene a la mente suele ser el bullying, pues nos llegan historias terribles del gran daño que puede causar, sobre todo en los adolescentes. Y es que al estar en una etapa en la que tratan de definir su identidad, necesitarán sentirse acogidos y reconocidos por su grupo para lograrlo.

Si bien el abordaje del bullying es complejo y requiere toda la atención de la comunidad educativa y de las familias, y una vez detectado, es muy importante no descuidarlo. De esta forma podemos evitar que estas situaciones se den, preparando a nuestros chicos para enfrentarlas y salir airosos.

Cultivar la inteligencia emocional

Según un estudio publicado British Journal of Educational Psychology una de las mejores estrategias para combatir el bullying en los jóvenes y prepararlos para hacerle frente, es desarrollar su inteligencia emocional pues, “ante una situación de acoso escolar, un conjunto de habilidades convenientemente cultivadas y la inteligencia emocional pueden servir de caparazón protector ante la agresión”.

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Los alumnos con inteligencia emocional son capaces de gestionar mejor sus sentimientos y los de otros en la dirección adecuada para solucionar problemas. Por este motivo, cuando se encuentran ante una situación de bullying, ya sea como víctimas o como testigos, cuentan con más recursos para manejarla o pedir ayuda antes de que esta vaya a más o sea más difícil de controlar.

Una educación integral

Para conseguir una buena educación emocional es necesario incorporarla de forma transversal en las actividades del aula, mientras se imparten otros temas y asignaturas. Puede ser a través de debates, ejercicios, material multimedia u otras actividades en que los estudiantes reconozcan sus propias emociones y empaticen con las de los demás.

Si bien, puede que la causa inicial de ciertos problemas dentro del aula, sea la falta de capacidad al momento de gestionar emociones en los agresores, al trabajar desde lo emocional influimos en la comunidad para cambiar los roles: de observador pasivo que consiente o alienta esta situación; por un rol activo, empático que se ponga en el lugar de la otra persona, que comprenda su sufrimiento y haga lo posible por detenerlo.

Por Psic. Inés Cobo de Gilbert
Directora Ejecutiva Sir Thomas More.

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