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Orar o realizar una plegaria eucarística a Dios no es algo que se hace sin conocimiento o sin sentirlo, se requiere de mucha catequesis para hacerlo correctamente.

De las muchas cosas que se deberían haber hecho, y no se hicieron, tal vez por precipitación, fue una catequesis o enseñanza sobre la Plegaria eucarística, su naturaleza, sus partes, sus gestos rituales, etc… No bastaba, ni mucho menos, con insertar estos textos en el Misal romano: sin una previa catequesis no se sabrían valorar, ni saborear teológicamente, ni meditar con piedad.

El Misal romano y sus textos eucológicos requieren meditación personal (y entraríamos en el campo de la espiritualidad litúrgica) y predicación, enseñanza. Hubo mucha precipitación en todo, y poca raíz, poca solera; mucha prisa por los cambios pero poca hondura; mucho afán por textos nuevos litúrgicos pero poco paladar. Falló claramente la formación del clero en materia litúrgica y, por ende, la catequización y enseñanza a los fieles para valorar las riquezas del Misal, orar más y orar mejor la liturgia.

La catequesis también se empobreció y se redujo al buenismo moral más simplón y rancio, a los “valores” consensuados por el mundo (pacificismo, ecologismo, migraciones, derechos humanos, etc.), a dinámicas de grupos entretenidas y poco más. Sin embargo, la catequesis sin referencia a la liturgia, sin su carácter de introducción a la liturgia, se empobrece.

Ése es el diagnóstico de la actualidad que presentaba el precioso y útil Directorio General de Catequesis (también éste muy ignorado en su aplicación): “A menudo, sin embrago, la práctica catequética muestra una vinculación débil y fragmentaria con la liturgia: una limitada atención a los signos y ritos litúrgicos, una escasa valoración de las fuentes litúrgicas…” (DGC, n. 30).

 

 

El valor de la plegaria eucarística

La Plegaria eucarística, corazón de la Misa, centro y cumbre, merecía ser explicada paso a paso, considerar sus aspectos teológicos y cómo expresa la fe de la Iglesia en el Sacramento del altar, la Eucaristía. ¡Hemos de intentarlo! A ello convidaba Benedicto XVI:

“La Plegaria eucarística es el centro y cumbre de toda la celebración. Su importancia merece ser subrayada adecuadamente. Las diversas Plegarias eucarísticas que hay en el Misal nos han sido transmitidas por la tradición viva de la Iglesia y se caracterizan por una riqueza teológica y espiritual inagotable. Se ha de procurar que los fieles las aprecien”, (Sacramentum caritatis, n. 48).

Opinión del papa Benedicto

Retengamos esos puntos que marcaba el papa Benedicto:

  • Riqueza teológica y espiritual inagotable.
  • Que los fieles la aprecien.

¡Cuánto bien haría detenerse a meditar, predicar, enseñar, cada una de las cuatro plegarias eucarísticas frase a frase! ¡Cuánto bien haría conocer su estructura e incorporarse a su escucha contemplativamente y en adoración! Es un reto. Una auténtica catequesis sobre el sacramento de la Eucaristía debe incluir la explicación detallada y amorosa de la Plegaria, ya sea en la catequesis de niños y jóvenes, ya sea en la catequesis de adultos e itinerarios formativos:

“También debemos encontrar momentos oportunos, tanto en la catequesis como en otras ocasiones, para explicar bien al pueblo de Dios esta Plegaria eucarística, a fin de que pueda seguir sus grandes momentos: el relato y las palabras de la institución, la oración por los vivos y por los difuntos, la acción de gracias al Señor, la epíclesis, de modo que la comunidad se implique realmente en esta plegaria” (Benedicto XVI, Encuentro con los sacerdotes de la diócesis de Albano, 31-agosto-2006).

Como “lex orandi, lex credendi”, siempre es bueno y conveniente considerar sapiencialmente lo que se ora, los textos eucológicos, la gran Plegaria, para avanzar en el conocimiento de la recta fe, la fe ortodoxa de la Iglesia sin desviaciones. Este trabajo catequético –o de predicación en general: piénsese en el retiro mensual por ejemplo- se debería haber incrementado cuando se aprobaron las Plegarias eucarísticas con el Misal de Pablo VI.

La catequesis siempre

La catequesis, en los distintos tramos de edad y formación de los participantes, también ha de ser “litúrgica”. Esto es, para la educación permanente de la fe, la catequesis litúrgica es un elemento necesario: “prepara a los sacramentos y favorece una comprensión y una vivencia más profundas de la liturgia.

Esta catequesis explica los contenidos de la oración, el sentido de los gestos y de los signos, educa para la participación activa, para la contemplación y el silencio. Debe ser considerada como una forma eminente de catequesis” (DGC, n. 71)

Tenemos, así pues, el reto de una formación sobre la Plegaria eucarística que abarca a todos, sacerdotes y fieles: “Es por tanto esencial que una intensa catequesis y una adecuada preparación espiritual precedan a la introducción de la nueva disciplina sobre las anáforas; preparación que debe comenzar en el clero mismo, proseguir en grupos especializados y alcanzar finalmente a todo el pueblo” (Cta. del Consilium sobre las nuevas plegarias eucarísticas).

 

 

¿Qué se espera?

De la catequesis se espera:

Los sacerdotes

“La preparación del clero deberá comprender incluso detalles de naturaleza técnica, pero será orientada principalmente a facilitarle su tarea pastoral” (Ibíd.).

Catequesis al pueblo cristiano

Para una amplia catequesis al pueblo cristiano:

“En la catequesis al pueblo, en cambio, se evitará las cuestiones meramente históricas y los intrincados problemas teológicos…; lo importante es determinar en seguida el significado de las nuevas plegarias eucarísticas, así como se presentan hoy día, y mostrar su incidencia en la vida cotidiana” (Ibíd.).

Por tanto, hay un camino deseable y es el de unir catequesis y liturgia, y catequizar, con el Misal en la mano, sobre las distintas plegarias eucarísticas, sus partes, su trabazón, su importancia, sus signos rituales, el modo de participar, la teología que hallamos en cada una de sus frases, etc. Sí, es necesario y enriquecedor dedicar tiempo a una catequesis sobre la Plegaria eucarística:

“Los pastores guíen a los fieles con una catequesis apta a la plena inteligencia de este misterio de fe, la cual debe iniciarse por los misterios del año litúrgico y por los ritos y oraciones de la celebración, para esclarecerles el sentido de los mismos, sobre todo el de la gran oración eucarística, y conducirlos a la percepción íntima del misterio que tales ritos significan y realizan” (Inst. Eucharisticum mysterium, n. 15).

Pastores

Los pastores podrían hacer muchas cosas en esta dirección:

La homilía: “Conviene que sea una explicación o de algún aspecto de las lecturas de la Sagrada Escritura, o de otro texto del Ordinario, o del Propio de la Misa del día” (IGMR 65), por lo cual, la plegaria eucarística es materia o fuente para la homilía. Por ejemplo, un triduo del Corpus explicado las plegarias, o los domingos del ciclo B que se lee el evangelio de san Juan dedicarlos a glosar cada parte de las distintas plegarias, etc.

El retiro mensual: dedicar algún retiro al sacramento de la Eucaristía considerándolo desde el texto de una Plegaria.

Horas santas: ya sea ante el Santísimo expuesto en la custodia, ya sea ante la Reserva eucarística de la tarde-noche del Jueves Santo, penetrar en el Misterio mediante la meditación dirigida con una Plegaria eucarística.

Los Ejercicios espirituales: especialmente a sacerdotes, en alguna plática o instrucción, habría que revisar las Plegarias, sus líneas maestras y también las rúbricas y gestos sacerdotales que están mandados.

Escuelas de liturgia: sea abierta a todos, o sea para los catequistas o para los miembros del equipo de liturgia: una formación consistente y sólida será el conocimiento teológico de estas Plegarias eucarísticas.

 

 

Escrita por: Padre Javier Sánchez Martínez, vía InfoCatólica.

 

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