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Hace 50 años fue recibida la encíclica Humanae Vitae con grandes polémicas, pero hoy la historia parece dar la razón a Pablo VI, pues se han cumplido sus advertencias sobre el peligro para la mujer y el control de la población. ¿Quién era este Papa-profeta?

Una figura para descubrir

Giovanni Battista Montini (1897-1978) fue un importante hombre de Iglesia durante los pontificados de Pío XII y Juan XXIII, y luego fue el Papa que guió el desarrollo y la culminación del Concilio Vaticano II.

Pero la publicación de la encíclica Humanae Vitae (25 de jul. de 1968), en la que afirmaba el rechazo de la Iglesia Católica a los anticonceptivos, lo envolvió en una impopularidad mediática. Después de su muerte, el gran carisma de Juan Pablo II terminó por eclipsar su figura.

El Papa Francisco ha retomado muchas enseñanzas de Pablo VI, a quien cita con frecuencia, y ha anunciado que lo canonizará el próximo 14 de octubre. A cincuenta años de aquella profética encíclica, la agudeza y el discernimiento del Papa Montini son un tesoro por redescubrir.

¿Por qué es “profética” la Humanae Vitae?

Esta encíclica abordó un tema que resultaba novedoso en su momento: la aparición de la píldora anticonceptiva, que planteaba el siguiente problema. Si la Iglesia aprueba que los esposos utilicen los periodos infértiles de la mujer, ¿qué pasa si una pastilla puede prolongar indefinidamente esa fase infértil?

Pablo VI supo ver más lejos de lo meramente práctico del planteamiento e hizo una serie de observaciones que apuntan a lo “no evidente” del asunto, como la dignidad de la mujer y la inseparabilidad de los aspectos unitivo y procreativo del acto sexual.

Además, este Pontífice supo visualizar las consecuencias que tendría el uso de anticonceptivos y que afectarían a los jóvenes y al control del crecimiento de la población mundial, y por eso ha sido llamado “profeta de nuestro tiempo”.

Las predicciones de Pablo VI

En el n. 17 de esa encíclica, el Papa advertía de cuatro consecuencias que vendrían con la regulación artificial de la natalidad. Primera, “el camino fácil y amplio que se abriría a la infidelidad conyugal”. Segunda, la “degradación general de la moralidad”, pues la debilidad humana y la curiosidad de los jóvenes tendrían un medio que facilita el no seguir la ley moral.

El tercer efecto mira hacia el respeto de la mujer, pues cuando el varón, sin preocuparse más del equilibrio físico y psicológico de la mujer, la considerará “como simple instrumento de goce egoísta y no como a compañera, respetada y amada”.

Finalmente, con valentía Pablo VI anunció que la aprobación de los anticonceptivos daría lugar a que los gobernantes intervengan en “lo más personal y más reservado de la intimidad conyugal”.

Y, por eso, Pablo VI lanzó un cuestionamiento de gran actualidad: “¿Quién impediría a los gobernantes favorecer y hasta imponer a sus pueblos, si lo consideraran necesario, el método anticonceptivo que ellos juzgaren más eficaz?”

Epílogo

Pablo VI es un gran personaje de nuestra época, precisamente porque supo distinguir entre el verdadero desarrollo y el falso progreso. El Papa Montini fue muy valiente, pues desafió un principio predominante de nuestra época: “si la técnica lo puede conseguir, entonces lo debemos aceptar como algo bueno”.

Estamos ante un gran profeta de nuestros días que fue firme en defender la dignidad la mujer, el matrimonio y la familia, sin dejarse llevar por la presión de la opinión pública. La doctrina de la Humanae Vitae de Pablo VI sigue siendo válida hoy, para entender la dignidad de la mujer y la grandeza del amor humano que transmite la vida.

Por P. Luis-Fernando Valdés
@FeyRazon lfvaldes@gmail.com
http://www.columnafeyrazon.blogspot.com

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