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«Lo siento…no podrán ser papás». Cuatro consejos para matrimonios que sufren la infertilidad.

Una de las preocupaciones que a menudo manejamos todos está relacionada con cumplir nuestros sueños. ¿Se harán realidad?, ¿será que Dios quiere lo mismo?, ¿será que Dios lo quiere de la misma forma y en el mismo tiempo que yo?

Cuando Dios pone anhelos en el corazón, siempre nos señalará la manera de irlos cumpliendo. Quien descubre que Dios le llama a la vida matrimonial, poco a poco irá experimentando el deseo de compartir la vida con alguien más, deseará casarse y, cuando menos lo piense, ¡estará ilusionado con ser papá o mamá!

Es un sueño inmenso que se lleva por dentro y Dios nos lo nos hace desear con todas nuestras fuerzas. Poco a poco la pareja empieza a prepararse para ese momento, tanto a nivel emocional como espiritual. Se empieza un proceso para disponerse al milagro de la vida, todo lo bueno y bello en la vida requiere una preparación, ¡y asumir la paternidad no es ajeno a esa experiencia!

Teniendo esto en mente, para muchas parejas llega a ser una realidad muy dolorosa de aceptar cuando, por diversos motivos, no pueden tener hijos. No poder concebir representa una verdadera prueba para la pareja: ¿cómo plantearnos nuestra relación de ahí en adelante?, ¿cómo asumir esta realidad tan difícil?

 

 

Afrontar la realidad… no podrán ser papás

Te queremos compartir unas claves para atravesar este tiempo con esperanza, de la mano de Dios. Para hacer que esta experiencia de verdad nos permita conocer y comprender mejor la Voluntad de Dios.

1. Amarse fue el principal compromiso

Enfrentar un diagnóstico de infertilidad ya es una realidad difícil de plantearse para una pareja, ¿cómo seguir avanzando en medio de esa experiencia? Un punto importante siempre será volver a lo esencial de la relación.

El principal compromiso en los votos matrimoniales fue «ser fiel en la prosperidad y en la adversidad, en la salud y en la enfermedad, y así amarte y respetarte todos los días de mi vida».

Se debe ver esta circunstancia con realismo y también con esperanza. Es un momento difícil que requiere, aún en ese dolor, la capacidad de amarse de ambos. Si bien es verdad que por el momento no pueden tener hijos, ¡se tienen el uno al otro y a Dios, quien es totalmente fiel!

Frente a la realidad que puede atravesar la pareja, el amor, si bien puede no resolver las preguntas del corazón, al menos sí será un bálsamo que le permita a cada uno descubrir el rostro amoroso del Señor Jesús. Aun en medio de esa circunstancia de ese momento de sus vidas.

2. ¿Sentirme responsable o culpable?

Una reacción psicológica que puede surgir es la sensación de culpabilidad o responsabilidad por lo ocurrido. Puede asumirse esta actitud como una forma para hacer frente a la situación. Sin embargo, es importante recordar que no es propiamente una consecuencia de la voluntad personal la dificultad para concebir un hijo.

Es un proceso donde influyen elementos biológicos (hormonales, fertilidad, etc.), psicológicos (preparación emocional, madurez personal) y espirituales (la Voluntad de Dios en este proceso).

Por tanto, cuando no pueden tener hijos, el mejor camino no será el de culpabilizar o responsabilizar al otro o a sí mismo por esta experiencia. Más bien es tiempo rogar a Dios que les enseñe a aceptarla tal y como es. Con libertad en el corazón. Ser capaces de aceptar esta realidad como pareja les permitirá verse mutuamente con esperanza y no con desánimo.

Es necesario cultivar la prudencia en esta situación, porque es frecuente en estos procesos que se realicen intervenciones médicas para «descubrir» quién de los dos «es infértil». Es verdad que puede representar cierta utilidad en algunos casos comprender esto. Sin embargo, es importante no dejarse de ver como pareja en este proceso. De modo que juntos caminen de la mano con Dios, buscando comprender Su Voluntad y discernir la mejor opción a tomar para avanzar en el proceso.

El matrimonio es un camino que los esposos están llamados a recorrer juntos, todo el tiempo. Por eso la mejor solución no será buscar responsables, sino descubrir cómo pueden ser un buen apoyo para el otro en ese momento.

3. Cuidar el corazón del otro y discernir el camino juntos

Sentir que un sueño que por muchos años ha estado allí – como el sueño de la maternidad y la paternidad- y que de repente se pone en duda hace replantearse muchas cosas en la pareja. Es importante confiar en que, aún por encima de estas circunstancias, es la mano paternal y amorosa de Dios la que los acompaña y cuida en todo momento.

Por eso mismo, es necesario aprender a cuidar el corazón del otro y hacer un buen discernimiento juntos. Dios sabe sacar realidades muy buenas en circunstancias que no siempre parecen ser las mejores.

Por eso, cuando no pueden tener hijos, las parejas podrían luego pensar qué dirección darle al camino que sigue de ahí en adelante. Para ambos. Pedir a Dios su intervención para comprender si tal vez una forma es adoptar a una persona que pueda estar anhelando un hogar. O si pueden estar llamados a asumir la paternidad de un modo especial por la vivencia de la caridad con los más necesitados.

 

 

4. Crecer en la docilidad a la acción del Espíritu Santo

Como todo proceso de discernimiento, tomará tiempo aprender a asimilar los planes que Dios parece tener para nosotros. Pero, quienes no pueden tener hijos, igual encontrarán mucha paz interior en la medida en que exista una auténtica actitud de abandono y apertura hacia lo que Dios quiera mostrarles con esta realidad.

Así como María, tenemos que aprender a decir «Hágase en mí según tu palabra» (Lc. 1,38). Para eso es importante aprender a confiar en que Dios siempre está presente y ninguna circunstancia es ajena a Él. Nada permitirá en Dios en nuestra vida, si no es para obtener de allí algo mejor.

 

NO PODEMOS SER PAPÁS 3

 

Fuente: Volver a lo esencial.

 

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