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Un reciente video da una intensa lección respecto al valor de la vida y cómo disfrutarla al saber que hoy es tu último día en la tierra.

¿Qué harías ahora mismo si supieras que hoy morirás? Parece paradójico, pero los verbos vivir y morir, aunque antónimos, tienen mucho en común. Solemos usarlos sin detenernos a pensar en lo que verdaderamente significan, y muchas veces su valor solo sale a la luz de manera temporal ante algún evento trágico. ¿O no te ha pasado que al morir alguien cercano te prometes que vas a vivir con intensidad?, ¿que vas a dejar a un lado el drama y encontrarás la felicidad en las cosas más sencillas?

De esto, justamente nos habla el video «La gente muere», una reflexión que nos anima a entender la importancia de vivir el presente, porque hoy puede ser el último día marcado en nuestro calendario vital, y nosotros tenemos la capacidad de hacerlo inolvidable.

Entrando en materia, veamos los contrastes que nos ofrece esta meditación. Te invito a tomar nota de aquellas lecciones que pueden ser útiles para tu vida. ¡Empecemos!

 

 

¿Realmente pensamos en la inmediatez de la muerte?

Ser conscientes de nuestra mortalidad y de lo efímera que es nuestra existencia tiene un efecto positivo que muchas veces pasamos por alto. Solemos más bien no hablar de la muerte, porque nos cuesta desligarla de algo dramático e irremediable, y porque creemos que esta solo nos llegará cuando estemos viejos.

Todos los días, al irnos a la cama, deberíamos imaginar un reloj de arena y cuestionarnos «¿cuánta arena le quedará a mi reloj?». No para angustiarnos, sino para proponernos que todos los días sean lo suficientemente hermosos para ser dignos de un buen final.

Algunas veces, cuando imaginamos nuestra propia muerte, pensamos que todo va a ser un caos. Pero resulta que el mundo no se detiene porque desaparezcamos. Nuestra ausencia traerá ciertas dificultades a nuestros familiares que tienen que cerrar cuentas de bancos, saldar algunas deudas, cancelar servicios, vender propiedades y todo aquello que concluya nuestra presencia física en este mundo. Pero seguirán adelante.

Y bendito Dios por que sea así, porque, si bien la muerte trae dolor y tristeza, la idea es que quienes se quedan hagan un proceso de duelo que les permita continuar con sus proyectos y transformar ese dolor en esperanza, agradecimiento y aceptación.

Esto debe ayudarnos a admitir la muerte, a relacionarnos con ella de manera más natural, a incluirla en nuestras conversaciones cotidianas; en especial, porque tenemos un regalo maravilloso que nos espera después de la vida terrenal.

Lecciones de vida: ¿por qué tener presente el morir nos ayuda a vivir mejor?
Este es el punto de quiebre en la reflexión que nos ofrece este video. Saber que moriremos y que puede ser hoy mismo nos saca del letargo y de la monotonía con la que a veces «vivimos» puede darnos valiosas lecciones para nuestra vida.

Sí, «vivimos» entre comillas, porque vivir intensamente implica, entre otras cosas:

– Disfrutar cada segundo del día. No se trata de andar a las carreras, sino de gozarnos la carrera.

– Adelantar esa llamada al amigo o al familiar, esa salida a comer o a pasear o ese «lo siento».

– Llenarnos más de momentos que de elementos.

– Apreciar la belleza en las cosas simples.

– Agradecer y brindar lo mejor de cada uno a los demás.

– Emplear más el ahora que el después.

 

 

¿Pero cómo se logra?

Como lo menciona Eckhart Tolle en su libro «El poder del ahora», el objetivo es enfocarse en el presente. Dejar de ir al pasado para recordar lo que fue, lo que nos hicieron. Y dejar de ir al futuro para imaginar un sinfín de sucesos que nos llenan de angustia y que muy probablemente no pasarán. La invitación es dar lo máximo con lo que el hoy nos ofrece y sacarle el mejor partido a cada situación, por compleja que parezca.

Incluso, para nosotros que creemos en una vida futura, sabemos que nuestra labor como cristianos es transformar el ahora, construir y cimentar el Reino de los cielos en este mundo imperfecto en el que vivimos. Porque lo que hacemos y cómo lo hacemos es lo que cuenta.

Así que dejemos de temer a la muerte y hagamos de ella una maestra que nos enseñe a vivir bien y en la presencia de Dios. Esa que despierta nuestro anhelo de ir al encuentro con el único que es capaz de darle sentido pleno a nuestra existencia.

Vive bien, porque hoy podría ser tu último día. ¡Haz que valga la pena!

 

 

Escrito por: Angélica Moreno, Comunicadora social-periodista y teóloga, vía Catholic-Link.

 

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