¿Quién dijo que es tarde?

¿Quién dijo que después de cierta edad es tarde? ¿Quién estableció la frontera a partir de la cual ya no podemos empezar algo nuevo, cambiar de rumbo, enamorarnos, aprender, viajar, reinventarnos o simplemente descubrir una versión de nosotros que todavía no conocíamos?

Muchas veces creemos que el límite está en la edad, cuando en realidad está en la mirada que tenemos sobre ella. Nos enseñaron que hay momentos «correctos» para estudiar, formar una pareja, cambiar de trabajo, tener hijos, cuidar nuestro cuerpo o comenzar un proyecto. Y cuando nos alejamos de ese calendario imaginario, aparece la sensación de llegar tarde.

Pero el problema no siempre es el paso del tiempo. A veces son nuestros propios prejuicios sobre lo que debería ser una persona a determinada edad. Prejuicios que nos dicen cómo deberíamos vernos, qué deberíamos desear, qué ya no corresponde intentar. Y que, sin darnos cuenta, pueden terminar envejeciendo mucho más que el cuerpo.

Envejecer también puede ser dejar de vivir según expectativas ajenas. Reconocer que nuestra historia no tiene por qué seguir un calendario universal y que cada etapa puede abrir preguntas, deseos y posibilidades diferentes. Repito lo que tantas veces dije: la edad no es una sentencia.

Tal vez nunca sea demasiado tarde. Tal vez la pregunta más interesante  sea: «¿qué quiero hacer con los años que tengo?» Se me ocurre que es justamente ahí, donde aparece algo mucho más valioso: la posibilidad de seguir eligiendo quién queremos ser.

Por DiegoBernardini-lasegundamitad.org
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