Compartir:

¿Y si Dios te pidiera una cita? 4 preguntas para mejorar la oración y los ratos con Él.

Hace unos días me reuní con unos amigos para comer juntos. En un ambiente distendido nos pusimos al día de nuestras vidas y brindamos por habernos podido encontrar por fin todos. Buena comida y mejor compañía, hubo tiempo para todo.

También para charlar sobre algunas cosas que nos preocupaban. De hecho, casi sin verlo venir, me encontré escuchando atentamente una discusión sobre si el mundo estaba perdiendo o no la humanidad.

A mis amigos les preocupaba que los últimos conflictos que vemos a diario en televisión fueran en realidad un juego de poderes, en el que a nadie importa quién resulta herido, sino de qué forma me aprovecho más de la situación para mis propios intereses. Hablábamos de si existe todavía humanidad en los corazones de quienes nos dirigen. En algún momento, se hizo el silencio. Y creo que, de una forma u otra, cada uno a nuestra manera, rezábamos.

 

CITA CON DIOS 3

 

Un silencio que se hizo oración

Parece una tontería, pero creo que aquel momento cambió el mundo, un poquito, al menos, déjenme soñar. Escuchar al otro, absorber las reflexiones de personas tan diferentes, saborear las buenas intenciones, el amor presente… y el silencio que de repente nos invadía. El poder de la palabra puede transformar la realidad, pero a veces olvidamos que el silencio es necesario para la transformación de los seres humanos. Y la transformación humana es necesaria para la transformación del mundo.

Me llevé mucho silencio a mi casa. Muchas preguntas sin responder, mucha admiración por aquellas personas a las que había escuchado y muchas ganas de dejar que lo vivido fluyera en mi interior. Fue una bonita preparación para sentarme, mirar al cielo y entablar una conversación con quién más nos ama.

1. ¿Cuál es el fin de la oración?

La oración propone silencio, pero un silencio que busca una unión espiritual. El silencio posibilita la comunión, con Dios y con el otro. La palabra nos acerca intelectual o afectivamente, pero el silencio genera vínculos de amistad. Piensa si no en tus mejores amigos… seguro que sin palabras te entiendes.

Por eso rezar, en mi opinión, es una experiencia ligada al silencio, aunque haya nacido en una tarde de risas y debates con mis amigos.

¿Por qué necesitamos rezar? Porque Dios nos ayuda a poner luz a lo que somos y a lo que hacemos. Porque solo poniéndonos frente a Él y compartiendo nuestras inquietudes nos recomponemos. Porque solo con dirigir a Él nuestro dolor, la carga se vuelve más liviana y brota el agradecimiento y la esperanza. Poder rezar es un privilegio.

 

 

2. ¿Hay un mejor momento?

¿Cuándo rezamos? Nuestra relación con Dios no tiene horarios. Está disponible las 24 horas de los 7 días de la semana. ¿De quién más puedes decir esto? Dale el peso que requiere en tu vida, siempre hay espacio para una experiencia que no te dejará indiferente. Es como recibir un WhatsApp que te apresuras a leer.

En la oración siempre te aguarda algo, solo encuentra un rato para descubrir ese mensaje y dejarte sorprender.

3. ¿De qué manera rezar?

La oración no es apartarse de nada, o abstraerse. La oración bebe de la vida misma. Mírame a mí, buscando un ratito con Él a raíz de una comilona entre amigos. A veces se programa, otras veces surge de forma espontánea. A veces le precede una charla o un compartir con otros. Otras veces la excusa es mi dolor y mi sufrimiento. En ocasiones, le hablo sobre mí, en ocasiones le hablo de otros. Hay días en los que siento que todo fluye de forma natural.

Otros días busco textos que me ayuden a iniciar mi conversación especial con Dios. Estas ocasiones me ayudan mucho a descentrar la atención de mi persona, porque el mundo me reclama, nos reclama. Muchos de estos días he descubierto misiones especiales que Dios me confía.

A veces Dios es muy hablador. Otras veces, me deja hablar más a mí porque sabe que es todo lo que necesito. No tengas miedo si crees que se quedó mudo contigo. A través del silencio de Dios también vamos creciendo y floreciendo. Estate atento, y confía.

4. ¿Pero hay alguna técnica especial…?

No existe un único modo de rezar, porque la oración tiene su centro y hunde sus raíces en lo más profundo de la persona. Quizás en nuestras comunidades hablamos poco de la oración. No digo que no recemos. Pero… ¿compartimos cómo rezamos?, ¿compartimos de qué o sobre quién hablamos con Dios?

No es que debamos ser unos chismosos. Pero es importante saber que el mundo no ha perdido su humanidad porque cada día miles de personas hablan con Dios sobre ti, con tu nombre y apellidos, hablan con Dios sobre aquellos que reconocemos más vulnerables y hablan con Dios buscando el modo de cambiar la realidad.

Rezar es muy sencillo. Lo difícil es querer hacerlo, porque en ello hay una intención firme de transformar el mundo.

 

 

Escrito por: Blanca Serres, vía Catholic-Link.

 

Compartir: