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Inmediatamente nos preguntamos: “¿en qué me equivoqué? Si me cansé de hablarle de los riesgos del uso de drogas”.

Uno de los momentos más difíciles como padres es precisamente descubrir que uno de nuestros hijos está consumiendo drogas. Culpabilizarse o acusarse de haber sido malos padres activa emociones de rabia, culpa o vergüenza, las que dificultan afrontar la situación correctamente.

Primera línea de intervención

Es importante regular la propia emotividad negativa, situación que requerirá de una intervención psicoterapéutica que permita gestionarla de la mejor manera. El primer punto de análisis es identificar y manejar los errores propios. Una vez realizado esto, el desafío es evaluar, el tipo de drogas, el tiempo de consumo, la frecuencia, duración e intensidad para realizar un análisis más preciso de la situación. De acuerdo a esto se podrá hacer una derivación según el contexto social, familiar y académico.

En este punto se debe contar con la colaboración y motivación del hijo para así aumentar las probabilidades de éxito de la intervención terapéutica. Es imperante que los padres logren competencias comunicacionales y relacionales que posibiliten los objetivos antes mencionados. Si bien la evaluación psicológica nos facilita precisar el grado de motivación y compromiso para el cambio, también nos permite testear si existen complicaciones asociadas a trastornos del estado de ánimo o desórdenes de personalidad, que ocasionen que persista el consumo de drogas.

Acciones drásticas

Así como una intervención quirúrgica es uno de los recursos finales, el ingreso a una clínica de rehabilitación debe ser la última opción. Ya que, lastimosamente, ahí tus hijos van a estar expuestos a otros consultantes que pueden tener más tiempo de consumo o haber experimentado con otros tipos de drogas. Lo que puede disparar el morbo y la curiosidad por probar otras drogas y convertirse en una escuela más para el mal que para el bien.

La labor de los padres

Vemos que la participación de los padres es prioritaria, ya que tienen que convertirse en los protagonistas activos del cambio terapéutico. Es normal estar bloqueados por la situación emocional, pero no pueden limitarse a ser testigos pasivos de los tratamientos de sus hijos.

Una de las preguntas más frecuentes es ¿cómo lo llevo a consulta? Lo ideal es plantearles de forma clara y directa que la asistencia al terapeuta responde a una solicitud de su familia para encontrar..tranquilidad sobre el tema. Esto disminuye la resistencia..aumentando..las probabilidades de que asistan con mejor predisposición.

Otro aspecto crucial es evitar las discusiones y apelar a la razón; no inclinarse a cuestiones éticas y morales ya que corroboran la idea del muchacho de que nadie lo entiende.

Espero que como padres, si están frente a un chico terco y obstinado, que no entiende razones y que sólo quiere hacer su voluntad, con este texto tengan mayor claridad sobre lo que no tenemos que hacer en esta situación tan delicada.

Por: Dr. Sergio Paz Wactson

Terapeuta DBT

INSTITUTO NEUROCIENCIAS

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