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La generación sobreprotegida… es el título del nuevo escrito de Pablo Moysam, quien da su opinión sobre una dura realidad.

Generación sobreprotegida…

Trabajar con adultos jóvenes me ha dado la oportunidad de escuchar experiencias, expectativas y puntos de vista de las generaciones que nos tomarán la posta. En el ambiente actual de incertidumbre y desesperanza que vive la sociedad en nuestro país y el mundo, es muy importante tomar la temperatura de esas generaciones e inyectarles algo de nuestras lecciones aprendidas.

En un encuentro reciente con jóvenes de entre 25 y 35 años (millenials), compartiendo pizza y vino, la conversación derivó al tópico de la crianza de los hijos y las decisiones a las que -como padres- tendrán que enfrentarse algún día no muy lejano. Ellos solos habían llegado a la conclusión de que la siguiente generación, los centennials, es la de los «niños de cristal»; que se ofenden por todo, a los que los padres privan de cualquier sufrimiento (generación sobreprotegida).

Mis dos centavos de aporte fue que ese error lo hemos cometido todos los padres, en diferente medida y contexto. Ineludiblemente anhelamos dar a nuestros hijos «lo mejor», muchas veces sin atinar a definir qué es eso o reducirlo al ámbito material, aunque disfrazado de etiquetas como «la mejor educación». También hay la meta de que mis hijos tengan «lo que yo no tuve», usualmente circunscrita a lo académico, social y económico.

Pero si desmenuzamos esa premisa y su verdadero alcance, no toma mucho tiempo darse cuenta de que la prioridad es casi siempre garantizar el mejor futuro económico posible: para eso los matriculamos en el mejor colegio u universidad que podamos pagar, para maximizar sus probabilidades de una carrera profesional exitosa y lucrativa que les permita al menos mantener el mismo estilo de vida al que los acostumbramos, sino inclusive mejor.

 

 

Nada a cuestionar en esa decisión ciertamente. La pregunta, empero, es ¿qué estamos sacrificando por darles «lo mejor»?

Quizás tiempo que pudimos dedicarles pero que destinamos a más horas de trabajo o tal vez una familia más grande pero que hubiese impedido tener ese estilo de vida que queríamos; cada cual puede hacer la reflexión y obtener sus propias respuestas. Lo cierto es que pareciera que nuestro entrenamiento como padres fuese siempre más orientado a evitarles sufrimientos, esfuerzos y sacrificios a nuestros hijos. Y cuando repasamos otras decisiones, actitudes y comportamientos que tenemos con ellos en distintos aspectos de su vida, es fácil ver como el patrón se suele repetir.

Nosotros mismos los hemos vuelto «de cristal». En su libro Generación iY, el Dr. Tim Elmore desarrolla las cuatro características de estas nuevas generaciones: sobre abrumada, sobre conectada, sobreprotegida y sobre servida. La conversación que tuve con este grupo de jóvenes adultos abordó la tercera y nuestra responsabilidad como padres en perpetuar la cultura de evitar todo sufrimiento.

En futuras entregas me gustaría expandir las otras tres características. Por ahora, quedémonos con la siguiente pregunta: ¿hubiésemos alcanzado algo realmente valioso en nuestra vida sin esfuerzo y sacrificio, en otras palabras, sin sufrimiento? Si la meta final es darles a nuestros hijos el mejor futuro posible, vayamos pensando en qué aspectos de sus vidas les está faltando sufrir un poco y cómo podemos empezar a permitir que eso suceda.

 

 

Escrito por: Pablo Moysam D.
Twitter: @pmoysam Spotify: Medio a Medias.

 

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