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Hay varios ejemplos de la narrativa feminista actual, la cual entre sus objetivos principales es destruir al hombre y a su masculinidad.

El denominado juicio del siglo -el actor Johnny Depp demandó por difamación a su exesposa Amber Heard- aún no termina, por lo que no adelantaré conclusiones; pero vale comentar las revelaciones que se han hecho respecto del comportamiento de la actriz de Aquaman.

Ella acusó públicamente a Depp en 2016 de haberla golpeado y obtuvo una orden de restricción para salvaguardar su integridad, él perdió millonarios contratos con al menos dos estudios de cine y la opinión pública se fue en contra del actor de Piratas del Caribe como el típico macho agresor.

Y es que en la era del #MeToo resulta que todos los hombres somos automáticamente violentos, machistas y opresores, de acuerdo a la canción que se volvió infame himno feminista “un violador en tu camino” todos los hombres somos una amenaza latente para las mujeres (“el violador eres tú”); nuestra sola existencia es un peligro para ellas: juicio, condena y ejecución sumarios.

 

 

Conociendo la narrativa feminista actual

Y la solución del progresismo, cuando disfrazado de feminismo es “muerte al macho” (un mundo sólo poblado por mujeres) y cuando usa la máscara del género es “deconstrucción y nuevas masculinidades” (hombres afeminados, débiles o directamente homo/transexuales).

Es todo parte de la misma narrativa: el hombre es intrínsicamente nocivo para la sociedad, su masculinidad natural es abominable y debe ser reprimida, extinta, transformada.

Por eso la Ley para la Prevención y Erradicación de la Violencia contra la Mujer (2018) mandaba al Estado educar a nuestros niños en las llamadas “nuevas masculinidades”, porque masculino es sinónimo de malo, el varón es naturalmente peligroso, hay que cambiarlo de raíz; por eso también el Código Orgánico Integral Penal (2014) tipifica el delito de femicidio como dar muerte “por el hecho de ser mujer”, es decir que no las matan por celos, venganza o deudas, sino porque son mujeres, solidificando el criterio que todos los hombres odiamos a todas las mujeres y las queremos muertas. Así también el proyecto de Ley para la Interrupción Voluntaria del Embarazo para Niñas, Adolescentes y Mujeres Víctimas de Violación (2022) pretendía que la mujer no tenga que denunciar el delito, porque “a la mujer siempre hay que creerle”.

 

 

El «juicio del siglo» y más ejemplos

La realidad, empero y destrona al relato. Hoy se ha conocido que los policías que acudieron a la llamada de emergencia no encontraron signos de agresión en Amber Heard ni nada en la residencia daba indicios de la supuesta “violencia doméstica” denunciada; audios y videos muestran cómo ella, no él, amenaza, ofende y golpea. Testimonios de testigos revelan las atrocidades que ella hizo, a pesar de pintarse como la víctima en esta novela.

Resulta que la mujer ha tenido la misma capacidad de mentir como cualquier persona, al menos en eso ya hay equidad. Una rápida búsqueda en Google muestra varios casos en la prensa española, argentina y norteamericana de mujeres que denunciaron haber sido violadas sexualmente para luego admitir que mintieron, desmontando la máxima feminista “una mujer nunca mentiría sobre ser abusada”.

La trágica historia de Ghislaine Maxwell, ex pareja de Jeffrey Epstein es otra cachetada a la “sororidad” femenina. Se supone que los peligrosos somos los hombres, que entre mujeres se protegen no sólo porque nunca mienten sino porque en ellas no hay vicios, perturbaciones ni malas intenciones. Y sin embargo esta señora le conseguía jovencitas de secundaria para que le den “masajes” al marido y ella misma les enseñaba cómo, mientras las desvestía contra su voluntad.

¿Cuál es entonces el propósito de esa narrativa que busca destruir al hombre y su masculinidad? Las leyes, los movimientos sociales, la cultura en medios, las campañas en redes y los sonados casos de celebridades deber ser apenas piezas en un plan más ambicioso y macabro. Si no permanecemos alerta, pronto nuestra propia familia será el blanco de estos ataques y sufriremos las consecuencias en casa.

 

 

Escrito por: Pablo Moysam D.
Twitter: @pmoysam
 Spotify: Medio a Medias.

 

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