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Filas que dan la vuelta a la plaza se forman desde muy temprano en la mañana, un día cualquiera, para ingresar a la basílica de San Pedro en el Vaticano. La popularidad del Papa Francisco atrae a turistas y peregrinos que también se dan el tiempo para acudir a la audiencia del miércoles o al Ángelus del domingo. Algunos van con verdadera devoción, otros simplemente por la curiosidad de ver en persona al pontífice, aunque sea de lejos. Sacan sus celulares para un selfie  histórico y conversan entre ellos mientras el Santo Padre hace su reflexión en italiano. Otros en cambio, guardan silencio tratando de comprender e interiorizar sus palabras.

Al contemplar el “efecto Francisco” nos preguntamos si el católico alejado, o el que no se ha cuestionado mucho el porqué practica su fe, ¿es ahora mejor cristiano por la popularidad del Papa?

Una pareja de argentinos que ingresaba a la basílica de San Pedro en el Vaticano, nos dijeron que les encantaba Francisco, “porque ama el fútbol, por su abajamiento a lo humano y por su amplitud de pensamiento ”. Y al plantearles: ¿Ustedes se han acercado a la Iglesia gracias a esto? “No para nada, seguimos sin ir a misa, ni nos interesa ”, dicen rápido, “pero nos gusta este Papa y nos sentimos orgullosos de él ”. Este tipo de cosas que tanto atraen de él, son también las críticas que se hacen en ciertos sectores al actual líder de la Iglesia Católica. Su manera distinta de hablar, de aproximarse al pueblo, su predilección por las periferias. La elección del Papa del “fin del mundo” obedeció al deseo de inyectar nueva savia a la Iglesia, a la voluntad de un cambio de verdad, dice el argentino Andrés Beltramo, vaticanista y corresponsal en Roma para Notimex y Radio la Red de Buenos Aires, escritor del Vatican Insider de la Stampa de Turín. En su libro más reciente, “La Reforma en Marcha. Emoción y desconcierto en tiempos de Francisco”, resalta el hecho de que el Papa no ha sido comprendido por algunos. Conversamos con Beltramo.

Dices que Francisco empuja una auto reforma de la Iglesia católica, un movimiento de transformación radical.  De las cosas que afectan el día a día de la gente, ¿qué consideras que ha reformado o reformará el Papa?

La principal reforma que está impulsando Francisco es una reforma “cultural”, un cambio de actitud en los fieles católicos a quienes les está mostrando el camino para dejar atrás el voluntarismo religioso y entrar en una etapa de madurez en la fe. A final de cuentas el Papa está expresando –de una manera muy sencilla y accesible- cómo volver a la raíz más auténtica del mensaje cristiano. Es cierto, después existe la reforma de las estructuras caducas, en la Santa Sede y en la Iglesia universal, pero todo parece indicar que esa reforma para Bergoglio es secundaria, lo que verdaderamente lo desvela es la transformación de los corazones. 

Parte del “efecto Francisco” son las filas eternas para ingresar a la Basílica de San Pedro.

En algunos sectores hay desconcierto por sus palabras que han sido como un golpe en el estómago para católicos, palabras muy en línea con el mundo de hoy: “Algunos creen que para ser bueno y católico tenemos que tener hijos como conejos”, y la llamada de atención a la mujer con 7 cesáreas. Esto ha herido a algunas madres que confían en que cada hijo es un regalo de Dios y no una irresponsabilidad.

Es evidente que aquella frase de los “conejos” fue un error del Papa, al menos en la forma en que la dijo en italiano. Mezcló varias ideas juntas y el resultado no fue positivo. Por otra parte, tenía razón cuando señaló que es un error dar por hecho que los buenos católicos son aquellos que tienen muchos hijos. Ese es un lugar común que actualmente  muchos creen, pero si uno revisa la encíclica “Humanae vitae”, escrita por Pablo VI y que certificó la oposición de la Iglesia a los métodos artificiales de anticoncepción, en amplios pasajes se habla de la paternidad responsable. La paternidad responsable no significa tener la mayor cantidad de hijos posibles, incluso aunque se consideren un regalo de Dios. A veces –aunque resulte paradójico- la paternidad responsable se aplica no teniendo hijos, como en el caso del gran riesgo para la salud de la madre de las 7 cesáreas. 

De otro lado está el Sínodo de la Familia, el pronunciamiento del Papa sobre que haber leído a Kasper le ha hecho mucho bien y su recomendación en el Consistorio para que lo escuchen. El silencio que el Papa ha guardado frente a los debates de los padres sinodales en temas graves como la comunión a los vueltos a casar, la unión homosexual, la nula referencia al “pecado” de estas situaciones (adulterio, actos homosexuales). Con estos antecedentes, hay temor de lo que será el documento final.  ¿Hasta dónde crees que llegará la reforma de Francisco en el Sínodo en octubre este año?

Francisco es el Papa y ha dejado claro muchas veces que comprende exactamente su papel como custodio del depósito de la fe, es decir todos aquellos elementos que constituyen el núcleo de la religión católica. Entre estos está la indisolubilidad del matrimonio y la posición de la Iglesia respecto a situaciones como la homosexualidad. Existen cosas que un pontífice no puede reformar y Francisco no parece dispuesto a pasar ese límite. Al mismo tiempo existen muchas situaciones reales, tangibles y que cada vez se manifiestan más frecuentemente en el mundo moderno a las cuales la Iglesia parece haber dado la espalda, cerrado los ojos ante ellas y negado como realidades. Es un fenómeno muy complejo. Por ejemplo, el caso de los divorciados y vueltos a casar. Por su condición en muchas parroquias terminan siendo tratados como “parias” porque se encuentran en situación “irregular”. Es verdad, ellos están en pecado… ¿y? todos somos pecadores, ¿es necesario cargar sobre sus espaldas más estigmas, marginarlos, hacerles sentir fuera de la Iglesia? El mismo Papa lo dijo, más de una vez, “el problema no se resuelve dándoles la comunión”. No es ese el centro del debate, o no debería serlo. Pero algunos actores, incluidos cardenales de diversas corrientes de pensamiento, han rebajado un debate muy serio a una especie de “guerra ideológica”. E incluso algunos se han tratado de erigir en cruzados de la doctrina verdadera, cuando el debate nunca se planteó como una discusión sobre la doctrina. Si el Sínodo de los Obispos del próximo octubre se reduce nuevamente a una pelea de sombrerazos, la Iglesia habrá perdido una gran oportunidad.

la reforma de francisco

La encíclica Laudato Si’ sobre medio ambiente y la presencia de Banki Moon y Jeffrey Sachs en el Vaticano también han preocupado a ciertos sectores por la postura de éstos a favor del aborto y su visión de control poblacional…

Es verdad, tras la presencia en el Vaticano de Ban ki-Moon y Sachs se levantaron en Estados Unidos una serie de voces críticas que expresaron su perplejidad sobre la postura de ellos en el tema del control poblacional. Por otra parte, es notable que en ninguno de los documentos de la conferencia vaticana sobre cambio climático surgió ni se hizo referencia ni al control de la población, ni al aborto, ni a métodos anticonceptivos. Esas mismas voces críticas coincidieron públicamente en sostener los argumentos de las grandes compañías petroleras, que desde hace años financian investigaciones para poner en discusión el fenómeno del calentamiento global. Y sostienen que los hidrocarburos son la única salida a la pobreza de los países “subdesarrollados”. Pero la realidad demuestra lo contrario. Tras 100 años del actual sistema económico e industrial, gran parte basado en la energía producto de los hidrocarburos, un 20 por ciento de la población mundial detenta el 95 por ciento de la riqueza y esos mismos países consumen gran parte del petróleo a disposición. Pero la contaminación –que es irrefutable en los ríos, en los bosques, en los lagos y en los campos- afecta a todo el planeta por igual. El mismo Papa ha dicho que existe comida para todos en el mundo, pero falta voluntad para compartirla. No se advierte de parte del Vaticano un aval a ninguna corriente de control natal, sino una preocupación grave por la supervivencia de millones de personas.

Si el Sínodo del próximo octubre se reduce nuevamente a una pelea de sombrerazos, la Iglesia habrá pedido una gran oportunidad.

Como argentino ¿podrías ayudarnos a entender qué significa cuando dicen: “El Papa es muy argentino y por eso es incomprensible para algunos”?

No creo que sea un asunto de nacionalidad. Francisco habla claramente y la gente lo entiende. La mejor prueba de eso es el alto grado de popularidad que tiene. No se trata de “populismo” o demagogia, como algunos pretenden, sino el resultado natural de una relación eficaz entre el Papa y la gente. Es verdad que algunos de sus dichos son originalmente argentinos, pero en la mayor parte de las ocasiones él los ha llenado de contenido. Es más, la prensa ofrece diariamente mucha cobertura a sus frases y sus mensajes justamente por eso. Si fuera críptico o incomprensible, seguramente tendría el efecto contrario. 

Al mismo tiempo, es innegable que en algunos sectores católicos (marginales en comparación con los millones que atrae el pontífice, pero con peso específico) se multiplica esta frase “no lo entendemos”. Quizás será que no lo quieren entender, porque su mensaje resulta incómodo. Es evidente que para algunos Francisco no satisface su imagen de lo que debería ser un Papa y eso genera cierta perplejidad. Pero eso se soluciona fácilmente con un corazón y una mente abierta, que abandone los prejuicios y esté dispuesta a escuchar la voz del pastor.

El Papa ha dicho: “nunca he sido de derechas”.  ¿Un Papa que asume una posición más bien política?

Francisco respondió a una pregunta específica en el contexto de una entrevista, cuando se hablaba de su estilo de conducción y se hacía referencia a que en su momento lo acusaron de “conservador” y autoritario. No tenía que ver con una postura política. Quizás esa frase molestó a quienes prefieren un Papa “de derecha”. O por ahí pudo emocionar a quienes buscan un Papa “de izquierda”. Pero si se siguen con atención sus discursos, predicaciones y mensajes se puede comprobar que Francisco resulta “inetiquetable”. Cuando se le quiere reclutar en un pensamiento determinado, no pasará mucho tiempo antes que los hechos desmientan esa etiqueta. 

¿Cuál es el verdadero programa de Francisco entonces?

Una “reforma cultural” que es también una “revolución”. Porque se trata de una revolución del Evangelio, del más profundo mensaje cristiano. Por eso no sorprende que su pontificado genere gran emoción, pero también perplejidad y desconcierto, porque a final de cuentas eso mismo pasó con Jesús en su tiempo

 

Por: Sonia María Crespo de Illingworth

Directora

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