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Compartimos contigo catorce preguntas que todos deberíamos hacerle a nuestra mamá (antes de que sea tarde).

A nadie le gusta pensar en la muerte o en perder a un ser querido. Tan solo la idea, muchas veces nos estremece y la echamos a patadas. No le damos campo ni oportunidad, ni siquiera la dejamos flotar a nuestro alrededor.

Nos aferramos tanto a la vida que la idea de la muerte parece lejana, parece una cosa irreal, algo que tal vez le pasa a otros, pero que no queremos que siquiera nos roce a nosotros ni a ninguna de las personas que queremos.

Cuando el tema de la muerte se cuela entre alguna conversación con amigos o familiares, nos incomoda, nos remueve, se nos hace un nudo en el estómago o preferimos no mirarnos a los ojos, cambiar de tema.

Algunos sueltan «¿pero por qué hablamos de esto?», «¿cómo terminamos en un tema tan triste?», «no pensemos en eso», «a todos nos toca, pero mejor hablemos de cosas más alegres».

 

 

¡Cuánto nos cuesta hablar de la muerte!

A la mayoría nos aterra, nos abre grietas, nos despierta heridas que aún no sanan o nos arruga el corazón, como si ese órgano vital fuera de papel.

Ahora, si pensamos en nuestra madre, la idea parece inconcebible, no nos imaginamos el mundo sin ella, porque ¿quién no quiere a su madre?

Me encontré con una serie de preguntas que me hicieron pensar en ella (en mamá), en su figura, en el lugar que ocupa en mi vida, en los recuerdos que tengo a su lado. En el color de su cabello, en la forma de sus manos y en la curva de su sonrisa.

Y pensé, aún estoy a tiempo, aún puedo hacerle estas preguntas a mi mamá, aún no es tarde. Espero que tú también tengas la misma suerte que yo y puedas hacerle estas preguntas a la tuya.

Preguntas para mamá: ¿cómo hacerlas?

Haz el ejercicio de escribirlas a mano, ve por una hoja y un lápiz y escríbelas con tu puño y letra (esto hará que inconscientemente las preguntas calen más profundo en ti).

Guarda ese trocito de papel y prométete a ti mismo, que cuando la vuelvas a ver, le pedirás unos minutos de su tiempo, en un lugar tranquilo donde nadie los interrumpa, y le harás estas preguntas por mucho que te cueste:

  • ¿Cuál es tu recuerdo favorito de los dos?
  • ¿Cómo fue tu primer año de maternidad? ¿Fue duro, lo compartiste con alguien?
  • ¿Te sentiste sola durante los primeros años de mi vida?
  • ¿Qué es lo más lindo que he hecho por ti?
  • ¿Guardas algún recuerdo especial de mi infancia?
  • ¿Hay algo de nuestra historia familiar que mantengas en secreto?
  • ¿Hay algún consejo que quieres que guarde para siempre?
  • ¿Hay algún sueño que te falta por cumplir?
  • ¿Qué ha sido lo mejor y lo peor de envejecer?
  • Si pudieras volver atrás, ¿qué harías diferente?
  • ¿Hay algo especial que te gustaría hacer conmigo ahora que soy mayor?
  • ¿Me perdonas por todo el dolor que te he podido causar?
  • ¿Qué ha sido lo más difícil de criarme/criarnos?
  • ¿Qué es lo que te gustaría que recordemos de ti cuando ya no estés?

¡Espero que estas preguntas no lleguen tarde!

Sé que puede ser bastante difícil solo imaginar las respuestas. Puede que no tengas una relación excepcional con tu madre, pero te puedo asegurar que esos minutos que compartan juntos respondiendo a estas preguntas serán inolvidables.

No dejes que pase más tiempo, porque de lo único que sí te arrepentirás será de no haberte atrevido a tener esta conversación con ella.

¡Saca fuerzas de donde no las tengas! (Yo también necesitaré valentía para hacerlo)

Deja de lado por un momento la vergüenza, el miedo o la cobardía, y escúchala, porque estará encantada de responderte.

Cuéntanos en los comentarios, qué otras preguntas harías a tu mamá. ¡Dinos cómo te fue si es que pudiste hacer el ejercicio con ella o qué le dirías si ya está en el Cielo!

 

 

Escrito por: Nory Camargo, vía Catholic-Link.

 

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