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El mensaje de Bill y Ted: “Sed excelentes los unos con los otros”… palabras que hoy más que nunca debemos adoptar y poner en práctica.

Todo espectador idealiza las películas que le gustaron en la infancia y en la adolescencia. Muchos años después, algunos espectadores nos atrevemos a revisar estos títulos para comprobar que no han perdido su chispa: es el caso, si nos situamos en los 80 y sus blockbusters, de filmes como: Gremlins, La misión, Blade Runner o En busca del arca perdida, por citar algunos de los más populares y prestigiosos.

Pero también hay cintas que, revisadas años después, nos instalan en la decepción: es el caso de Howard, un nuevo héroe, El club de los chalados, La loca historia del mundo o las dos primeras partes de los viajes de Bill & Ted, un par de descerebrados a los que interpretan Alex Winter y Keanu Reeves, respectivamente.

He vuelto a ver esas dos películas (Las alucinantes aventuras de Bill y Ted y El alucinante viaje de Bill y Ted) porque ya no las recordaba y quería refrescar la memoria antes de la nueva entrega, de reciente estreno en algunas plataformas (Bill & Ted Face the Music). Hay algo que perdura en la trilogía: la necesidad de transmitir un mensaje de unión y cariño: «Sed excelentes los unos con los otros», suelen decir Bill y Ted.

Mi primera conclusión es que los dos personajes continúan siendo simpáticos, pese a la falta de materia gris de sus cerebros: son divertidas sus limitadas definiciones para referirse a sus experiencias con el mundo (lo que les agrada es Excellent, lo que les disgusta o parece increíble es No Way) y su mímica de guitarreo para celebrar algo; y su bondad hacia los demás resulta entrañable.

 

 

Analizando más a fondo

Hay que reconocer que los directores no están al nivel de ambos personajes: no les hacen justicia. Pero vayamos por partes:

Las alucinantes aventuras de Bill y Ted (Bill & Ted’s Excellent Adventure)

Estrenada en 1989, fue dirigida por Stephen Herek, uno de los directores más flojos de la industria. El filme estaba en sintonía con el cine popular de los 80: adolescentes, viajes en el tiempo, comedia disparatada, rock en la banda sonora… Bill y Ted son dos estudiantes que están a punto de jugarse sus destinos si no aprueban la asignatura de Historia.

Un hombre llega del futuro en una cabina telefónica y los invita a viajar por el tiempo para que recluten a las personas que podrían ayudarles a entender la materia, entre las que se cuentan Napoleón, Sócrates y Abraham Lincoln. Para el viajero es esencial que superen el examen porque Bill y Ted, aprendices de músicos, compondrán una canción que unirá al mundo y salvará a la humanidad.

La película, sin embargo, no contaba con el ingenio ni el presupuesto de Regreso al futuro ni Stephen Herek es Robert Zemeckis. De modo que, visto en la actualidad, el largometraje se mueve entre lo ridículo y lo encantador. Pero fue un éxito capaz de generar series, cómics, secuelas y merchandising.

 

 

El alucinante viaje de Bill y Ted (Bill & Ted’s Bogus Journey)

Estrenada en 1991, fue dirigida por Peter Hewitt, de quien sólo recordamos un título decente: Los Borrowers. En esta ocasión, del futuro envían a dos robots idénticos a Bill y Ted para asesinarlos.

La Muerte los visita cuando ya son dos almas que abandonan sus cadáveres y acaba jugándose sus vidas en varias partidas de juegos de mesa, en homenaje paródico a esa obra maestra de Bergman, El séptimo sello. Durante media película, Bill y Ted encarnan a sus espíritus, tratando de regresar a sus cuerpos para impedir que los robots también maten a sus novias.

Entre otras tareas, La Muerte los conduce al Cielo para que le rueguen al mismísimo Dios que les dé otra oportunidad y puedan reparar el entuerto. También se suman a la aventura dos monstruos a los que casi se discierne la etiqueta del disfraz. Aunque en ciertos momentos tiene su gracia, el conjunto (la parca, los fantasmas, los monstruos, los robots, etcétera) está más próximo a lo bizarro que a lo cómico, casi como un chiste malo. Igual que la primera parte era hija de su tiempo, los 80, en la secuela se notan sus deudas con los 90.

 

 

Bill & Ted Face the Music ha sido dirigida por Dean Parisot, firmante de Red 2 y de muchos episodios televisivos

Quizá porque la produce Steven Soderbergh, esta entrega es más digerible, parece contar con mayor presupuesto y nos entretiene durante una hora y media sin caer en las situaciones grotescas de los títulos previos.

Esta vez algo parece haber fallado en las predicciones de la primera trama: así, Bill y Ted van a convertirse en dos fracasados incapaces de componer la canción que unirá al mundo. Ya están casados y tienen hijas y averiguan que sus matrimonios irán a la deriva en el futuro.

De ahí que Bill y Ted, por un lado, y las chicas por el otro, traten de conseguir la canción que impedirá que el Tiempo se doble sobre sí mismo, objetivo para el que reclutarán a varios de los mejores músicos de la Historia, entre ellos Mozart y Jimi Hendrix.

Si alguien pretende ver… Face the Music, hará bien en olvidarse de las dos anteriores: las conozca o no, es mejor saltárselas e ir directamente a esta tercera parte, que contiene algo más de estilo aunque siga siendo absurda y que, al final, elabora un mensaje que nos transmite buenas sensaciones: la música puede unir a las personas.

 

 

Escrito por: José Ángel Barrueco, vía Aleteia.

 

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