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Aquí varios consejos para el día en que tus hijos vayan a casa de los amiguitos a dormir o cuando tú seas el anfitrión. ¡No olvides compartir!

¿Te has levantado a las dos de la madrugada para devolver a la amiga de tu hija a su casa cuando se despertó llorando? He de reconocer que, al revés, es decir, tener que ir a recoger a uno de nuestros niños en medio de la noche, no nos ha pasado nunca. Pero llevar medio en pijama a una niña desconsolada en mitad de la noche ya consta en nuestro currículum.

Los niños se parecen muy poco a las uvas, que puedes calcular su grado de madurez con la vista y el tacto. No es algo obvio saber si un niño está maduro para ir a dormir a casa de un amigo. Pueden llevar semanas deseando e insistiendo, como sólo ellos saben insistir para, después de dos horas, llamarte hechos un mar de lágrimas pidiéndote que, por favor, los vayas a recoger.

 

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Tips para que todo resulte bien

Sin embargo, se pueden hacer algunas recomendaciones:

El primer tip que voy a dejaros, cae de cajón: los niños que ya están acostumbrados, que ya han dormido en casa de tíos, abuelos, etc., sin sus padres, pasarán la noche fuera de su zona de confort sin correr demasiados riesgos.

Al niño le tiene que apetecer, que no sea un compromiso, una idea de las madres. Tú y yo sabemos que esto pasa algunas veces.

Llevar un peluche, una manta, les hace sentirse como en casa, pero, en su defecto, no hay nada, absolutamente nada, como un hermano, para que se sientan en cualquier lugar como en su propia casa. Así que, si tienes la oportunidad de que vayan juntos las primeras veces, será estupendo, porque ya sabes que esto facilita mucho la tarea.

Es preferible que el niño tenga confianza con los padres anfitriones a que el niño de la casa ostente el título de “el mejor super-amigo de la clase”.

Puede ser importante darle seguridad con el tema de la comida, decirle qué alimentos va a comer. Son muchos los niños que no se atreven a salir de su casa por saberse malos comedores.

Es conveniente explicarle que os puede llamar por teléfono en cualquier momento, escribiéndole los teléfonos en un papel. Esto le reconfortará y le dará seguridad.

Ser un buen anfitrión de los amiguitos de tus hijos

Y, ¿si eres el padre que invita? Procura que esos invitados pequeñajos estén a gusto. Ser un buen anfitrión de gente menuda es más difícil que sacar el Ferrero Rocher a tiempo:

Procura no regañar a tu hijo con vehemencia delante de los invitados. Cuando hay invitados, los niños están nerviosos, estridentes, creando un ambiente de histeria generalizado (que se triplica en caso de que sean mujeres). Ten calma. Es una noche toledana la que te espera por delante, pero, ¿acaso no lo sabías…?

Una amiga mía, muy simpática, me hizo el siguiente comentario respecto a una de esas noches en blanco con preadolescentes: “Pero de ésta se acordarán agradecidos, no como de las noches que pasamos en blanco con los gases, las lactancias del primer año; estas noches dan puntos”.

Esfuérzate en sacar a relucir tu lado más amable y cariñoso, y asume que los invitados no conocen las reglas de convivencia de tu hogar. Exígeles las más esenciales después de explicárselas de una forma simpática. Por ejemplo: «No comemos en el sofá desde que, una tarde, el abuelo se dejó unas migas y nos invadieron las hormigas”.

Intenta ser asertivo. No pretendas educar al invitado. Aplica la teología del hogar. Aprenderán más del aire que se respira en tu casa, de cómo os queréis, que de un curso de protocolo y buenos modales.

 

 

Algo que deben saber tus hijos

Posdata: Dormir en casa de un amigo o tener un invitado en casa ha de ser una excepción. Que no se acostumbre. Esto no es una obligación más de la paternidad.

Hemos de enseñar a nuestros hijos a preguntar discretamente, a no preguntar nunca delante del niño, de sus padres, o de otras personas, si el amiguito se puede quedar a dormir. Podemos tener la nevera casi vacía, cansancio acumulado, estar disgustados por un problema familiar o laboral; hay muchas razones por las que el plan puede no ser conveniente y no tenemos por qué dar explicaciones.

¿Ir a casa de desconocidos?

Por último, nuestros hijos tienen que entender que no seríamos buenos padres si les dejásemos ir a casa de personas que no conocemos. Esto va a traer muchas discusiones, sobre todo a medida que avanzan hacia la adolescencia.

En casa, desde muy pequeños, les decimos que pueden traer invitados, pero no pueden ir a casa de desconocidos. Y ellos son los que deben evitarnos situaciones comprometidas: si un niño de familia desconocida les invita a su casa, que digan que están cansados, que no les apetece, que mejor en otro momento…

En conclusión, estas fiestas de pijamas son como la vida misma: nos dan trabajo, quebraderos de cabeza, o noches en vela. Pero, a cambio, los niños adquieren madurez e independencia, tanto si van como si reciben. E incluso son un camino para acercar a las personas a Dios. ¿Te acuerdas de lo que decían de los primeros cristianos?: “¡Mirad cómo se aman!”. Que estos pequeños invitados noten cómo os queréis en casa. Fiestas de pijamas… why not?

 

 

Escrito por: Mar Dorrio, vía Aleteia.

 

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