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¿Es verdad que nadie puede decirle a otro cómo debe vivir? Una opinión que nos ayudará entender que no siempre lo que el mundo te dice es así.

Hay un viejo libro que he perdido, como muchos otros buenos libros viejos. Se llama Exégesis de lugares comunes. Ya alguna vez en este blog comenté algo sobre él. El autor es el célebre Leon Bloy. Lo que me quedó de él es esta síntesis personal mía: los lugares comunes pocas veces expresan sentido común.

Lo he escuchado casi siempre que he tocado un tema POLÉMICO. Pongo polémico en cursivas porque en realidad lo último que hay en estos temas es polémica. Y no la hay porque el diálogo es imposible, ya que una postura necesariamente anula la otra. Ejemplos a la mano: el aborto, la eutanasia y el matrimonio homosexual, entre otros en los que se enfrentan los mismos principios.

Ninguno de ellos permite una posición neutra. O se está a favor o en contra. Para el abortista o el que está a favor de la eutanasia, ambas posibilidades son derechos; para el provida, ambas son asesinatos.

 

 

Para analizar

Para el que está a favor del matrimonio gay este es un derecho, y oponerse, una forma de discriminación injusta; para el que está a favor de la feminidad y masculinidad como datos de la naturaleza humana, el matrimonio gay es un atentado contra la familia natural fundada en el matrimonio.

Yo estoy clara y conscientemente en contra de la eutanasia, el aborto y el mal llamado matrimonio homosexual, y a favor de la vida y la familia natural.

En los dos primeros casos, porque efectivamente pienso que se trata de la eliminación de vidas humanas y no somos dueños de ellas.

En el tercero porque por naturaleza el matrimonio es entre un hombre y una mujer y el Estado tiene el deber de promover y defender a la familia por la sencilla razón de que son las familias las que prolongan la supervivencia de las sociedades y del Estado mismo. Conozco todos los argumentos en contra y por eso digo lo que digo.

 

 

Crítica

Vamos ahora a la crítica al lugar común: nadie puede decirle a nadie cómo debe vivir. Es un despropósito, es decir una tontería, una frase vacía.

La primera razón es el hecho macizo de que desde la cuna nos han dicho cómo vivir y muchas veces le decimos a los demás cómo vivir. La educación es exactamente eso.

La segunda es que, bueno o malo, podemos decirlo. Porque, bueno, si suponemos que no debemos decir a nadie cómo debe vivir una pregunta lógica sería: si esa persona se está haciendo daño y haciendo daño a los demás ¿Tampoco deberíamos decirle cómo vivir o, por lo menos: ¿cómo no vivir?

Hasta Coelho y Arjona nos dicen en sus sublimes libros y canciones cómo vivir. Si no me creen lean El Alquimista o escuchen Jesús es Verbo, no sustantivo.

Una tercera, más que una objeción, es una precisión obvia: uno puede decir lo que quiera (de eso se trata la libertad de expresión), lo que no puede es obligar a nadie, de manera injusta (ojo que hay maneras justas), a que viva de la manera que uno le dice porque a uno le da la gana (de eso se tratan las dictaduras y los abusos).

 

 

Pueden decirlo

Así que sí: por supuesto que le puedo decir a los demás cómo deben vivir; y por supuesto que me pueden decir a mí cómo vivir. Lo que nadie puede -podrá quererlo, pero no puede hacerlo sin destruirme, por lo menos físicamente-, digo, nadie puede hacer, es forzarme a vivir de una determinada manera. En eso consiste la libertad.

Y de esa libertad somos necesariamente responsables ante los demás y, sobre todo ante Dios.

 

 

Escrito por: RONCUAZ.

 

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