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¿Las tensiones se han incrementado en tu hogar? Compartimos contigo las 3 claves para luchar contra ellas y vencerlas junto a tus seres queridos.

La pandemia, con todos los cambios que significa en nuestro estilo de vida, han sacado a la luz lo mejor y, también, lo peor de cada familia. Las tensiones familiares han aumentado. Debemos mirar estos meses como un momento muy fuerte de cambios, en los que padre y madre deben poner su mejor esfuerzo para salir victoriosos de esta situación tan compleja.

Cada familia es única e irrepetible, por eso es casi imposible describir una situación que se aplique a todas, pero creo que esta reflexión puede servir como un examen de conciencia general, aportar a sobre llevar y con la gracia de Dios, superar estos cambios.

 

 

Una mirada panorámica a la situación

Empecemos por describir cuáles son «esas cosas» que vivimos actualmente, que hacen cada día más difícil la vida. Es un denominador común, en la vida cotidiana de muchos, estar experimentando un incremento significativo de ansiedad, que responde – en la mayoría de los casos – a una acumulación excesiva de estrés.

A veces confundimos las dos experiencias, pero debe quedarnos claro que la ansiedad suele ser un trastorno emocional, bastante más superficial que el estrés. Pero, debido a que suelen manifestarse juntas, es fácil confundirlos.

Ansiedad generalizada

La ansiedad es una emoción fruto de la inseguridad que nos tomó a todos por sorpresa. Nadie podría imaginarse algo como lo que estamos viviendo. Ya vamos casi un año, y, todavía, el futuro es incierto. Para muchos, la posibilidad de perder el trabajo y los ingresos económicos, son una variable de inestabilidad.

La salud, para un sinnúmero de familias, sobre todo de sus adultos mayores, padres o abuelos, es algo preocupante. Quizás, en el caso de otras familias, la enfermedad ya estuvo presente. Todavía es algo que genera mucho miedo, e, incluso, aún se necesita superar el duelo de seres queridos que han fallecido.

 

 

El estrés difícil de manejar

El estrés – cómo decíamos anteriormente – conlleva bastante más variables, y suele ser el resultado de un cúmulo de situaciones propias de la rutina cotidiana, que, en este contexto de la pandemia, se tornan más difíciles de soportar. Las responsabilidades en el hogar se han multiplicado. Muchos padres, especialmente las madres, atienden a sus niños pequeños, a la vez que hacen home-office y se encargan de las labores domésticas.

Los esposos pasan mucho más tiempo juntos, esto podría ser positivo, pero se ha visto que las posibilidades de tener momentos de roces o tensiones, ha aumentado. Esto se hace peor si la relación ya venía con factores y variables conflictivas.

No poder salir como antes, la ausencia física de los amigos, el aburrimiento y otros problemas que se presentan por pasarse días sin salir de la casa, afianzan esa experiencia de ansiedad, acumulando cada vez más estrés.

Suele suceder que las mujeres quieren compartir todos los problemas o dificultades que están cargando, mientras los hombres – suele suceder – posponen ese tipo de conversaciones. Ambos miran con angustia el futuro. La pregunta obvia es: ¿y cómo están haciendo con el presente?

¿Qué podemos hacer para superar las tensiones?

Lo fundamental para la felicidad y para vivir una experiencia positiva de bienestar son relaciones humanas positivas, en las que haya bondad y amabilidad. Somos seres eminentemente sociales, creados por Dios para el encuentro, y vivir entre nosotros el Amor. Esto, que es el ABC de la vida cristiana, está recibiendo en las últimas décadas un respaldo científico desde la – cada vez más conocida – psicología positiva, las neurociencias e importantes investigaciones de prestigiosas Universidad del Mundo.

Esa necesidad de amistades íntimas es – para todas estas corrientes científicas – un denominador común. Cuando hablo sobre estas cosas, siempre me viene a la memoria un pasaje evangélico hermoso: «Nadie tiene amor más grande que el que da la vida por sus amigos». (Juan 15, 13).

Ahora, quiero dejarles, a continuación, 3 consejos, importantes y muy concretos para vivir, que, seguramente, harán tu vida cotidiana mucho más llevadera y disminuirán las tensiones que hoy enfrentas.

 

 

Vivir la gratitud

Todo lo que tenemos es un don de Dios. Sin embargo, nuestro cerebro – así viene de fábrica desde la prehistoria – tiene una tensión natural a fijarse en lo negativo, como un mecanismo de defensa ante los peligros que debemos defendernos.

Cuando nuestros ancestros vivían en las junglas y se escondían en cavernas, huyendo de las fieras salvajes, eso tenía mucho sentido; pero, ahora, que de modo general tenemos una vida – digamos – civilizada, ya no tenemos que estar con esa alarma natural todo el tiempo prendida.

Tenemos mucho por agradecer, pero no solemos darle su debida importancia, pues como son parte común de la vida, las asumimos de modo automático.

Agradece un nuevo día de vida, poder darle un nuevo abrazo a tu cónyuge o hijos, darte una ducha caliente, comer un pedazo de pan en el desayuno, y así, podríamos seguir una lista casi infinita de regalos que tenemos. Son muchas más que las tensiones que vivimos.

Los expertos dicen que si hacemos un diario, en el que todos los días, empezamos a escribir tan solo 3 cosas por las que agradecer, en menos de 2 semanas, los resultados, con relación al cambio de perspectiva como vemos nuestra vida, son asombrosos. Esto ya está estudiado y comprobado científicamente.

Como buenos cristianos, imagínate, si empiezas a tener la práctica diaria de hacer un buen examen de conciencia y vas abriendo tu corazón al Amor de Dios, que se manifiesta en cada pequeña cosa de nuestra vida.

¡Qué linda puede ser nuestra vida, si lo tuviéramos a Dios mucho más presente! Si nuestra relación matrimonial se nutriera de ese Amor infinito y misericordioso de Dios. ¿No crees que puede ser un cambio radical de vida?

 

 

Amabilidad y bondad

Sabemos muy bien que la comunicación es la base más esencial para una buena relación conyugal. Hay que decir que es un arte poder expresar el amor que se tienen uno por el otro. Infelizmente, lo que veo en muchos casos, y que ha agravado las tensiones, es como se va descuidando lenta y progresivamente ese amor. De pronto, parece como si ya no existiera. Lo que une es un sentido del deber, que, tarde o temprano, explota como una olla de presión.

La única perspectiva adecuada, que posibilita una sana unión conyugal es el Amor. Por supuesto, de esa relación afectiva, debe brotar una conducta regida por la moral, buscando siempre lo bueno, bello y verdadero. «Tened entre vosotros los mismos sentimientos que tuvo Cristo Jesús» (Filipenses 2, 5).

Ahora parece que las labores y quehaceres se hubiesen multiplicado el cien por ciento. Esto nos lleva a que poco a poco dejemos de mirar al otro. Nos olvidamos de que Cristo nos invita a que seamos como el Buen Samaritano (Lucas 10, 25-37), siendo el prójimo de los demás. Empezando, por supuesto, con nuestro propio cónyuge. Dejemos un momento las tensiones de lado.

Parece que es algo difícil, que no tenemos tiempo, no podremos cumplir con nuestras responsabilidades. Pero ¡no! Eso es una mentira que – yo diría – se nos ha metido por la propaganda del mundo, nuestras propias decisiones cada vez más mezquinas y el mismo demonio, que nos hace creer que amar, ser generoso, sacrificarse por el otro, renunciar a mis tiempos… todo eso es una pérdida de tiempo, tengo cosas más importantes que hacer.

Rompamos esa «burbuja de cristal» en la que nos vamos encerrando, y recordemos esos gestos pequeños de cariño, de afecto, que no permiten que el amor conyugal se muera. Todos los días hay que enamorar de nuevo nuestro cónyuge. Díganse todos los días que se aman y no pueden vivir uno sin el otro. Un «perdón», «gracias» y «de nada», ¡cuánta diferencia pueden hacer!

 

 

La oración

Mucho se habla de la meditación hoy en día. El mindfulness, la relajación corporal o sino a través de la respiración. Distintas terapias psicológicas buscan la paz y la serenidad para las personas y eliminar las tensiones. Sin embargo, veo con tristeza como en muchos casos, hay una suerte de ignorancia para recurrir a tantos métodos y olvidar los distintos tipos de oración, que existen en la riqueza milenaria de la espiritualidad de la Iglesia católica.

Lo único que quisiera resaltar acerca de la oración cristiana es el aspecto fundamental del encuentro que vivimos con Dios. La oración, que es – por supuesto – una forma de meditación, no se queda en un entrar en sí mismo, alejándose de todo lo exterior, para encontrar un espacio de aparente paz y serenidad.

La oración cristiana nos lleva a un encuentro fundamental de amor – en primer lugar – con Dios, y, como consecuencia auténtica, un encuentro cada vez más real con las demás personas.

Esa dimensión de encuentro es esencial para nosotros, personas, que estamos creados por el Amor de Dios y de nuestros padres, somos sostenidos a cada instante de la vida por el amor de Dios, para, finalmente, realizarnos en el Amor. Esa experiencia de encuentro es lo que nos realiza, nos hace felices y va de acuerdo con nuestra dignidad de ser imagen y semejanza de Dios.

Finalmente, no perdamos la esperanza y – cuenten con mis oraciones – hagamos el esfuerzo de llevar a la práctica algunos de estos medios que, seguramente, les van a ayudar muchísimo. Son enseñanzas de la vida cristiana, que, además, están corroboradas por la ciencia.

 

 

Escrito por: Pablo Perazzo, Máster en Educación. Catholic-Link.

 

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