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El machismo en el ojo de la opinión pública. Donald Trump, Enner Valencia y Rafael Correa protagonizan las recientes declaraciones.

En días pasados, varios acontecimientos han puesto sobre la mesa el machismo, feminismo y el rol de las mujeres en la sociedad. Me tocó abordar estos temas con mi hija de 18 y mi hijo de 15, además de mis alumnos en la universidad. Definitivamente,  mucho se puede decir al respecto pues las evidencias, puntos de vista y situaciones específicas varían ampliamente y van más allá del espacio disponible en este corto artículo de opinión.

De forma puntual me quiero referir al hashtag #HablemosDeMaquillaje que fue tendencia en redes como respuesta a las declaraciones del Presidente de Ecuador Rafael Correa frente a la pre-Candidata Cynthia Viteri cuando le dijo “que esta señora no hable de economía…que hable por ejemplo de maquillaje” postura que reiteró en el siguiente enlace ciudadano. Asimismo, surgió la polémica del futbolista ecuatoriano Enner Valencia quien fue impedido de jugar y detenido por existir un proceso judicial de pensión alimenticia de la madre de su hija; frente a lo que él respondió públicamente a través de un comunicado en que, para algunos, degradaba a su ex conviviente. Finalmente, a nivel mundial, se hizo pública una grabación en la que el candidato republicano a la presidencia de los Estados Unidos Donald Trump mantiene una conversación que muchos consideran ofensiva para las mujeres y luego sugirió que la moderadora del debate Megyn Kelly fue dura con él porque estaba menstruando.

¿Descalificar a la persona por ser mujer?

Cuando se trata de debates o confrontaciones, estos deben ser para discutir ideas con argumentos serios y propuestas claras; en lugar de descalificar a la persona por su condición de mujer.  Sería lo mismo atacar a alguien por su discapacidad, raza, clase social o religión; pues no es otra cosa que negarse a aceptarlo como un ciudadano con igualdad de derechos que merece respeto.

En el caso de acusaciones, juicios o conflictos familiares, más allá de quien tenga la razón, tema que debe establecer la justicia, se debe cuidar la forma. Ventilar públicamente las actividades de una mujer-madre, citando su trabajo como denigrante e impropio convierte a los hijos en los más perjudicados.

Estos casos son relevantes, a ratos generan reacciones viscerales en nosotros y esto nos impide ver más allá. Es importante analizarlos como lo que son, como síntomas de un problema mucho mayor. Algo mucho más profundo y que va más allá de la violencia doméstica y femenina combatida desde campañas de sensibilización para los hombres, de concientización de derechos para las mujeres; hasta la expedición de reforzadas leyes de protección familiar.

Un tipo de violencia imperceptible

Existen distintos tipos de violencia; lo de Valencia, Correa y Trump habita en el campo de aquella más fácil de reconocer: la verbal o la física. Sin embargo existe otra que es más difícil de identificar, aquella que no habita en el mundo de lo físico o textual, que habita en el mundo de las representaciones, lo que Pierre Bourdieu describe como Violencia Simbólica.

El micromachismo se perpetúa también por el uso de imágenes, palabras o discursos que denigran a las mujeres; así como el “piropo morboso” chistes, canciones, o conductas estereotipadas que refuerzan los prejuicios. Las palabras o imágenes reflejan la forma en que las personas quienes las utilizan tienen concebido el valor que pueden tener las mujeres.

Este tipo de violencia es peligrosa porque es imperceptible, no hay claros victimarios y víctimas, se esconde bajo la excusa de la tradición, de lo de siempre y de lo común hasta el punto de naturalizarse. Es la violencia en la que incurrimos todos cuando decimos cosas como: tenía que ser mujer, maneja como mujer, llora como mujer, etc. Debemos tomar conciencia que también es violencia contra la mujer el rechazar o invisibilizar su participación en la política, en la ciencia, en la cultura, en la economía y en todos los ámbitos de la vida social.

Más allá de nuestro género, todos los seres humanos merecemos respeto y si nuestras leyes garantizan igualdad de derechos y oportunidades debemos de ser capaces de ponerlo en práctica de forma cotidiana; desde nuestro comportamiento hasta nuestro lenguaje.

Como madre me he preocupado de criar a mis hijos como personas independientes, justas, inclusivas, dignas de respeto y luchadoras por la igualdad. Al final del día, siento que fue positivo tener la oportunidad de conversar con mis hijos sobre la responsabilidad de los padres de familia, el rol de la mujer en la sociedad, y  la importancia de las palabras considerando su significado más allá de lo superficial. El desafío continúa y cada situación nos da la oportunidad de educar en valores.

 

Por: Jimena Babra

Comunicadora especializada en RR.PP., imagen y educación

 

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