Compartir:

Con la llegada de nuevos hermanos y con el paso del tiempo, el primer hijo se convierte en el hermano mayor. No es un papel fácil: por un lado, tendrá más libertades y será el que más mande en casa después de los padres. Pero por otro, su condición también supondrá una serie de retos, como ir abriendo brecha para los demás hermanos, servir de punto de referencia para ellos y convertirse en un apoyo sustituible de los padres.

“Tienes que dar ejemplo”, “tienes que ser más responsable”, “debes cuidar a tus hermanos”, “deja de pelearte con tu hermano, ¿no ves que es más pequeño?”… Estas son algunas de las frases de los padres que tiene que escuchar el hermano mayor. Ser el primogénito conlleva una serie de obligaciones que, al igual que pueden ayudar a los chicos a madurar, también pueden resultarles agobiantes y poco atractivas.

De ahí que sea tan importante que sepamos mantener el equilibrio en casa: ni cargar al hermano mayor con excesivas responsabilidades convirtiéndole en una niñera o en el “mayordomo” de sus hermanos (o de sus padres), ni dejar de pedirle ayuda cuando realmente la necesitemos.

 

La figura del hermano mayor

1. El ejemplo a seguir. La figura del hermano mayor siempre ha constituido un punto de referencia en las familias. Para los padres es un apoyo al que pueden recurrir cuando haga falta, además de que suelen volcarse más con él por el hecho de que las etapas que comienza el hermano mayor son también etapas en las que a los padres les toca debutar (salidas nocturnas, entrada en la universidad, etc.). Para los hermanos menores, el mayor es un modelo a imitar y, aunque no sean conscientes de ello, siempre tienen sus ojos posados en él y en su forma de hacer las cosas.

2. El primero en abrir camino. También en el terreno educativo los hermanos mayores suelen abrir camino. Como padres, hemos de ser conscientes de esto y apoyarnos en ellos cuando sea necesario. Tanto cuando su ayuda resulte útil en casa (un viaje inesperado, una salida con los amigos…), como para solucionar algún problema familiar en concreto (el pequeño se está convirtiendo en un respondón y puede que una conversación con su hermano mayor venga bien). Y todo ello, siendo cuidadosos para no cansar a nuestro hijo mayor por usar demasiado su posición, o poniéndole erróneamente como ejemplo de todo.

3. El maestro en educar. También hay que destacar la función de los hermanos mayores a la hora de educar a los menores. Con frecuencia, los padres somos más suaves y blandos con los hijos pequeños, mientras que con los mayores fuimos más duros y exigentes, y eso se refleja habitualmente en su carácter. Por eso, muchas veces el papel del hermano mayor es muy útil de cara a la educación de los menores: él puede llegar a poner en su sitio al menor en determinadas ocasiones (para que no sea caprichoso, para que colabore más en el hogar, para que no sea egoísta o perezoso, etc.) que a los padres se nos pasan por alto. Tal vez nosotros, con los años nos hemos vuelto más permisivos, pero el mayor de nuestros hijos recuerda perfectamente la educación que recibió y exigirá lo mismo para sus hermanos menores, por lo que su intervención y la relación entre hermanos en determinadas situaciones es importante para llegar hasta donde a veces nosotros no llegamos.

Precisamente por este motivo, hemos de tener cuidado con desautorizar al mayor cuando tiene razón o ridiculizarlo delante de sus hermanos menores, ya que a éstos puede darles la impresión de que la opinión del mayor no cuenta para nada y, por lo tanto, tienen el “permiso” de sus padres para hacer lo que les venga en gana sin que nadie pueda impedírselo.

 

Trato equilibrado para los hermanos mayores

No es lo mismo pedir ayuda al mayor de nuestros hijos, que sobrecargarle de responsabilidades; esto puede llevar a que el mayor acabe siendo esclavo de los más pequeños, cuya picardía puede alcanzar límites insospechados. No es de extrañar: los hermanos menores saben perfectamente que juegan con ventaja y que su condición de “pequeños” les puede sacar de muchos apuros.

Sin embargo, también puede darse el caso contrario y que sea el hermano mayor el que abuse de su posición, aprovechando la confianza que sus padres tienen depositada en él. El joven no puede evitar crecerse y explotar un poco a sus hermanos para evitarse determinadas responsabilidades y trabajos que le parecen engorrosos.

Un trato equilibrado a los hijos también ayudará a que ellos asuman la posición que les corresponde y no lo vean ni como una carga ni como una ventaja según cuál sea ésta. Este equilibrio ayudará a que seamos más justos con ellos y no ocurra, por ejemplo, que en una pelea entre hermanos el mayor siempre sea el que cargue con casi toda la culpa y habitualmente el menor salga indemne sólo por el hecho de ser el hermano pequeño.

Seamos conscientes de que no podemos tratar siempre al pequeño como si fuese un bebé y dejarle exento de responsabilidades porque creemos que no será capaz de cumplirlas, mientras que no pasamos al mayor ni un solo error y siempre esperamos lo mejor de él. De no ser así, es fácil que los hijos piensen en favoritismos por parte de sus padres y surjan celos.

 

Vía: hacerfamilia.com

 

 

Compartir: